Durante todos los fines de semana de agosto, la Sociedad de Fomento de Castelar, conocida entre vecinos como “La Salita”, se convierte en el escenario de una tragedia clásica resignificada a partir de la historia local. Un posible Hamlet, dirigida por Daniel Zaballa, adapta el clásico de Shakespeare al contexto argentino de la última dictadura militar.

Lejos de ser una réplica literal del texto original, la puesta propone una experiencia inmersiva donde el público observa el espectáculo desde las paredes de la sala. “La frontalidad siempre me da la sensación de que está muy claro que hay alguien que produce y alguien que consume desde la oscuridad, el anonimato. En cambio, me interesa que el diálogo con el espectador sea cercano –explica Zaballa–. Tener al actor tan cerca te hace comprometerte y meterte dentro de la obra de una manera muy particular”.

En esta versión, Hamlet se convierte en Reinaldo Haltem, un dramaturgo e hijo de desaparecidos que se enfrenta a su historia personal mientras intenta escribir una adaptación de la tragedia inglesa. “Lo único que cambia es la circunstancia: es un joven escritor que el día del aniversario del secuestro de su padre se va a una quinta a redactar”, relata el director.

A partir de allí, se despliega una lapso de ensoñación: tres brujas, al estilo de Macbeth, aparecen como disparadoras de un viaje interior que mezcla ficción, memoria y dolor. “Hay un padre ausente, un pedido de venganza, una madre que oculta y un tío que ocupa el lugar del padre. Todo eso dialoga directamente con la historia argentina reciente del propio protagonista”, describe.

El elenco está compuesto por los integrantes del taller de teatro a cargo del coordinador escénico. La elección de la obra surgió a partir de las diferentes propuestas del elenco, quien comenzó con el proceso de ensayos hace un año. “La línea de acción está respetada desde el comienzo, desde la aparición del fantasma del padre hasta el final –agrega Zaballa–. El gran desafío del teatro político es no convertirlo en un medio de propaganda política. No tiene que ser un instrumento de convicción ideológica, incluso si hay una posición tomada. No se trata de convencer, sino de generar preguntas”.

Asimismo, el creador de esta puesta en escena compartió su propia relación con este período del pasado nacional. Luego de ingresar al Conservatorio Nacional de Arte Dramático, actualmente Universidad Nacional de las Artes (UNA), debió abandonar sus estudios en 1976 a partir del golpe de Estado. “Es una época que a mí me marcó mucho. Los profesores se exiliaron, y yo también tuve que irme. Por eso, inevitablemente, esta historia me atraviesa”, confiesa.

“Un clásico no es solo el texto que trasciende el tiempo y dice algo de la época actual, sino también lo que la época actual puede decir a través de ese clásico. Hamlet me permite hacer eso”, concluye.

Un posible Hamlet se presenta todos los viernes y sábados de agosto en La Salita de Castelar. Las entradas se encuentran disponibles en el sitio oficial de Alternativa Teatral.



Fuente Clarin.com

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