“Lo que sucede en el espacio público, donde se habla de sexo con más libertad, no ocurre en el espacio privado, en el cual aún persiste resistencia a aceptar cambios: se habla poco y se trasmiten ideas erróneas o prejuicios”, advierte el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin. Es que hablar de sexualidad aún incomoda a muchas personas, y más cuando surgen conflictos o insatisfacciones que no siempre se expresan con palabras y pueden desgastar vínculos y generar malestar.

¿Cuándo conviene consultar a un sexólogo? ¿Qué tipo de problemáticas abarca esta especialidad? ¿Y qué pasa con los mitos que impiden pedir ayuda a tiempo?

Qué hace un sexólogo y qué tipo de terapia realiza

“La terapia sexual aborda problemas sexuales personales o de pareja, disfunciones sexuales y, en otros casos, la consulta es para mejorar la calidad de la relación”, explica Ghedin. No se trata solamente de tratar patologías, sino también de acompañar procesos de cambio: desde animarse a nuevas prácticas o mejorar la erótica, hasta resolver dudas sobre relaciones abiertas o modelos no tradicionales de pareja.

La terapia sexual aborda problemas sexuales personales o de pareja, y disfunciones sexuales. Foto: ilustración Shutterstock.La terapia sexual aborda problemas sexuales personales o de pareja, y disfunciones sexuales. Foto: ilustración Shutterstock.

Las terapias sexuales, dice, suelen ser breves, con enfoque cognitivo-conductual, y están centradas en resolver síntomas mediante técnicas específicas: desde educación sexual hasta ejercicios prácticos para hacer en casa, solos o en pareja. En ciertos casos se recurre también a medicación, especialmente en disfunciones, como el trastorno eréctil o la eyaculación precoz.

Además, el sexólogo puede tener formación en psicoterapia, lo que le permite abordar no solo el síntoma sexual, sino también conflictos de fondo, como mala comunicación, celos, rigidez de roles o fobias sexuales.

Problemas, disfunciones… ¿y si no estoy tan mal?

Una de las claves, según el especialista, es diferenciar entre un problema sexual ocasional y una disfunción sexual persistente. En el primer caso, puede tratarse de algo pasajero, sin gran impacto emocional. En cambio, una disfunción implica que el problema se presenta en al menos el 75% de los encuentros sexuales y persiste durante seis meses o más, generando angustia personal o conflictos de pareja.

Sin embargo, muchas personas no consultan a tiempo. “Es muy frecuente que la pareja se ‘acomode’ al problema y no consulte. Aún en aquellas disfunciones de causa orgánica, el impacto emocional estará presente”, dice Ghedin. La eyaculación precoz o la anorgasmia femenina, por ejemplo, pueden sostenerse durante años sin atención, a veces por pudor o por resignación.

Las señales de alerta

El estrés, la rutina, el miedo a no complacer, la baja autoestima corporal o la presión por “cumplir” son factores que suelen desencadenar o agravar dificultades sexuales. El especialista advierte sobre el impacto del modelo “coitocentrista”, donde todo gira en torno al coito y al orgasmo como meta final. “Los cuerpos se preparan para llegar al objetivo, más que estar atentos a las sensaciones placenteras”, sostiene.

El estrés, la rutina, el miedo a no complacer, la baja autoestima corporal o la presión por “cumplir” son factores que suelen desencadenar o agravar dificultades sexuales. Foto: ilustración Shutterstock.El estrés, la rutina, el miedo a no complacer, la baja autoestima corporal o la presión por “cumplir” son factores que suelen desencadenar o agravar dificultades sexuales. Foto: ilustración Shutterstock.

Algunas señales de que puede ser útil consultar a un sexólogo: disminución del deseo, ansiedad al momento del encuentro íntimo, molestias físicas, desconexión con el propio placer, o conflictos repetitivos en la pareja en torno al sexo. También si hay ganas de explorar nuevas formas de vincularse o si una dificultad sexual se vuelve motivo de tensión persistente.

¿Se hace solo o en pareja?

Depende del caso. Hay personas que consultan solas, especialmente cuando se trata de relaciones recientes.

En cambio, en parejas de larga data es común que la consulta sea conjunta desde el principio. Pero no siempre hay disposición mutua. “Los años de disfunción sexual provocan malestar y desgaste, y no todo partenaire quiere colaborar en el tratamiento”, advierte Ghedin. En esos casos, la terapia debe adaptarse a ese escenario.

Mitos frecuentes y prejuicios que frenan la consulta

Uno de los grandes obstáculos para buscar ayuda es el conjunto de mitos que aún persisten: “A mi edad ya está”, “no estamos tan mal”, “eso no tiene solución”, “es culpa del otro”. Pero Ghedin es claro: “La cronicidad de la patología sexual puede ser motivo de crisis permanente o de separación”. Postergar la consulta no mejora el problema; solo lo cristaliza.

También hay prejuicios en torno a la formación de los profesionales o a la confidencialidad del proceso. Por eso, el especialista insiste: “Es imprescindible que el profesional sea empático, libre de dogmas o prejuicios que restrinjan la mirada sobre los comportamientos humanos”.

Hacia una sexualidad más libre, sin vergüenza

La sexualidad no es algo estático ni aislado. Se transforma con el tiempo, con las experiencias, con las emociones y con el vínculo. Hablar de los problemas sexuales, animarse a pedir ayuda o incluso replantearse creencias es una forma de cuidarse y de cuidar los vínculos.

“La escuela, las familias, las parejas: todos tenemos algo que aprender”, concluye Ghedin. Y eso, también, puede empezar en una consulta.



Fuente Clarin.com

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