
No se elige nacer con discapacidad. Ninguna persona lo hace. Pero lo que sí elegimos todos los días -como Estado, como sociedad, como humanidad- es cómo tratamos a quienes somos parte de esta realidad. Ya no se puede callar lo que hiere, lo que duele, lo que lastima. Lo que violenta. Desde hace meses, como parte de una comunidad que lucha por su dignidad y por sus derechos, se observa con profunda preocupación el trato que el Estado Nacional, en cabeza de su presidente Javier Milei, les está dando a las personas con discapacidad. Nos ignoran. Nos excluyen. Nos ridiculizan.
Se incumple sistemáticamente el cupo laboral del 4% establecido por la Ley 22.431. Una ley que no pide favores, que no solicita caridad. Exige lo que nos corresponde: la posibilidad de acceder a un empleo digno en el Estado, como cualquier otro ciudadano. Se ha instalado el mensaje -tan perverso como regresivo- de que esta obligación debe recaer en el sector privado, como si el Estado pudiera desentenderse de sus responsabilidades. Sin políticas activas, sin control, sin ejemplo desde lo público, no hay inclusión real posible. Mientras tanto, la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) -que alguna vez representó nuestras voces- ha sido reducida a un organismo sin alma, sin dirección, sin presupuesto, sin escucha. Pero hay algo aún más cruel: el vaciamiento del sistema de salud y de prestaciones para personas con discapacidad. Las obras sociales, en complicidad con el Estado, reducen y niegan tratamientos, prestaciones básicas, apoyos escolares, acompañamientos terapéuticos y ayudas técnicas.
Pero lo más grave e indignante es la violencia simbólica, verbal e institucional que sufrimos desde lo más alto del poder. Escuchar a funcionarios utilizar términos como “idiotas”, “imbéciles” y “débiles mentales” no solo es ofensivo. Es brutal. Nos retrotrae a tiempos donde se nos escondía y se nos negaba el derecho a existir con dignidad. Son discursos que duelen, que calan hondo, porque provienen de quien debería garantizarnos respeto y derechos. Por eso, repudio con firmeza este destrato sistemático hacia las personas con discapacidad. Y lo hago no solo en mi nombre, sino en el de miles que no tienen hoy un espacio o una oportunidad para expresarse. Lo hago con la convicción de que callar es ser cómplice.
Hernán Quintanilla / PERSONA CON DISCAPACIDAD VISUAL / ing.hquintanilla@gmail.com
Entre tantas idas y venidas, nos estamos olvidando de lo principal: el crecimiento de nuestro país a pesar de tantos palos en la rueda que ponen. Debemos creer que solo queda el camino en subida para salir del pozo. Se viene una prueba muy importante: las elecciones. Este Gobierno tiene mérito para mostrarse optimista, pero le falta un empuje que creo que sería activar las obras públicas tan esbozadas por los que se creen dueños de las obras públicas sin ser especialistas. Sería la estocada final después del levantamiento del cepo para consolidarse ganador y llegar a fin del mandato con posibilidades de reelección. Es un pensamiento propio fundado por mi lectura de barrio.
Diego E. Cordón Imagenvisualdesign@gmail.com
Hace pocos días, tres diputadas de la Nación se pelearon e insultaron con una bajeza inconcebible por el cargo que ocupan. Todos nuestros representantes deben tener presente que lo son las 24 horas, deben conducirse con corrección todo el tiempo. Pero eso no es todo. Una de las tres diputadas dijo que el monto básico para una familia tipo es de $ 360.000 al mes. Confundió cuánto se necesita para no vivir debajo de la línea de pobreza. El monto necesario para que viva una familia tipo sin considerar alquiler y servicios es de $ 1.100.000. Esto indica que no tienen la información básica que deberían conocer por su trabajo. Los diputados son en su gran mayoría “colados o colgados de la política”. Para la próxima votación, que hagan público su CV. Necesitamos personas educadas, preparadas para prescindir de asesores generalmente “acomodados”. Al menos eso es lo que quiero de mis representantes. Por ahora, me siento estafada.
Alicia I Halberstein aliciaihalb@aol.com
Joaquín Morales Solá, en La Nación, refiere, respecto de las negociaciones entre La Libertad Avanza y el PRO, que en las filas de este último partido hay “… quienes ven con ojos desconfiados que el mileísmo quiera un acuerdo en el que la eventual coalición nacional debería llevar el nombre de La Libertad Avanza en todo el país”. Con el mayor de los respetos, quienes anteponen desconfianza por el nombre de una alianza que se forma con el propósito de brindar el bien común al ciudadano demuestran falta total de republicanismo, gran estrechez de sentido común, inservible egoísmo y una estúpida soberbia.
Roberto A. Meneghini dr.meneghini@hotmail.com
Mientras la Corte dilata su fallo sobre la condena a 6 años de prisión de Cristina F. de Kirchner por corrupción en la obra pública e inhabilitación perpetua para cargos públicos, ella está actuando a sabiendas de que terminará en prisión. Dado que “la suerte está echada” y que no existen razones fundadas para la postergación del fallo, la pronta resolución del Tribunal Supremo significaría un mensaje beneficioso para la imagen de la Justicia y una decisión sensata y racional que le pondría fin a las intrigas palaciegas que atañen a la cuestión. ¿Por qué esperar más tiempo?
Oscar Edgardo García osedgar@yahoo.com
No los felicito por su fenomenal juego pues por algo son el 1 y 2 del mundo del tenis. Lo hago por su extraordinario comportamiento de fair play. Muy diferente a los otros jugadores que discuten fallos ajustados, estos dos jugadores ejemplares y en una final de Roland Garros, ambos dan vuelta fallos dudosos en favor de su contrincante. Se juegan millones, pero sus conciencias pueden más que su ambición. Los felicito por tamaña plausible actitud. Sería muy bueno que los jóvenes tomen este ejemplo y sus entrenadores los induzcan a ello. Además nos han brindado un admirable final de un tenis inigualable.
Ricardo Olaviaga rolaviaga157@gmail.com