A orillas del Danubio, la ciudad de Budapest, capital de Hungría, muestra orgullosa uno de los parlamentos más grandes el mundo. El edificio tiene 268 metros de largo, 123 de ancho y una cúpula central que alcanza los 96 metros de altura. Su arquitectura combina estilos del neogótico, el renacimiento y el barroco y destaca por su simetría y monumentalidad.

La construcción del parlamento comenzó en 1885 bajo las órdenes del arquitecto Imre Steindl, quien se inspiró en el parlamento británico de Westminster (Londres). Miles de obreros trabajaron durante 17 años para terminar el edificio en 1904, poco después de la muerte del arquitecto.

Con 691 habitaciones, 10 patios, 29 escaleras y 27 puertas, este parlamento es realmente inmenso. Solo el parlamento de Rumania, con un millar de habitaciones, lo supera en tamaño. Pero este edificio, que también alberga un museo, está desocupado en gran parte.

El edificio de Budapest es la sede de la Asamblea Nacional y alberga las residencias del presidente de la República, del primer ministro y del titular de la cámara legislativa. Uno de los lugares más visitados de la ciudad, en una de sus salas conserva una verdadera joya que ningún turista puede fotografiar.

El interior del parlamento es realmente impresionante porque muestra lujosos materiales, como mármol y oro, techos decorados y una majestuosa escalera principal flanqueada por columnas de granito de seis metros de altura y pinturas del artista germano-húngaro Károly Lotz.

“Gran parte de su decoración está recubierta por pan de oro de 23 quilates, un delirio que le aporta majestuosidad al espacio. A ello hay que sumarle las columnas de mármol rojo provenientes de Suecia y los ventanales del vidriero Miksa Róth, quien diseñó unos vitrales coloridos para que la luz y sus reflejos formaran parte del espectáculo cromático”, describe un artículo de National Geographic.

Destaca que “en la escalera también irrumpe un particular Olimpo de esculturas en las que se refleja gran parte del imaginario nacionalista de Hungría. Aquí comparten espacio monarcas como Esteban I (o San Esteban), fundador de Hungría o Matías Corvino, responsable de modernizar el país durante el Renacimiento con caballeros medievales y figuras mitológicas”.

La escalera principal lleva a la también espectacular Sala de la Cúpula, donde una guardia permanente de soldados custodia la Sagrada Corona Húngara (Magyar Szent Korona), uno de los símbolos nacionales más importantes.

Originalmente fue atribuida a Esteban I, el primer rey de Hungría, cuya coronación marcó el nacimiento del reino húngaro como entidad política cristiana alrededor del año 1000. Pero las investigaciones más confiables aseguran que fue ensamblada durante el reinado de Bela III.

La historia de la Santa Corona es turbulenta y está marcada por múltiples traslados, pérdidas y recuperaciones. Durante siglos, fue utilizada en las ceremonias de coronación de casi todos los reyes desde el siglo XII, siendo considerada indispensable para la legitimidad real.

Tras la batalla de Mohács en 1526 y la ocupación otomana, fue trasladada a Bratislava, y más tarde, durante la revolución de 1848, enterrada para evitar su captura, siendo recuperada años después. En el siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial, fue llevada a Austria y posteriormente custodiada por los Estados Unidos, que la devolvió a Hungría en 1978.

En el año 2000, con motivo del milenio de la fundación del Estado húngaro, la corona fue trasladada desde el Museo Nacional de Hungría, al Parlamento. Allí, junto al cetro, el orbe y el manto real, puede ser contemplada por los visitantes. Eso sí, nada de fotos.



Fuente Clarin.com

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