
Por primera vez, Carrie Bencardino, llevará una muestra de arte al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. El desentierro del diablo, una exposición institucional con una serie de obras inéditas, estará disponible para visitas en el prestigioso MALBA. La obra, curada por Carlos Gutiérrez, está conformada por retratos, figuras humanas y cuadros pintados con óleo.
Bencardino nació en Pilar en 1993. Desde muy temprana edad exploraba diversas formas de expresión artística, pero el surgimiento de su obra podría ubicarse en su adolescencia, cuando adoptó su identidad y se reconoció como Carrie.
El juego de rol “Vampiro: la mascarada” fue clave para este cambio. “El personaje protagonista me abrió la posibilidad de pensar en un desdoblamiento del yo, de mi personalidad. De repente era mucho más como a mí me hubiese gustado ser que como era yo en mi vida diaria”.
“La búsqueda tuvo que ver con ejercitar la idea de intentar romper con la crisis de la imaginación. Siento que el arte es como un ensayo o un ejercicio de cosas que sirven después en la realidad concreta, es parte de la magia del arte. En el fondo son pequeños simulacros que uno hace a través de la imagen, a través de un símbolo, es casi un acto de magia”, reflexiona Bencardino.
Carrie y el curador de la obra se preguntan cómo imaginar nuevos escenarios posibles en un contexto donde las personas están cada vez más aisladas en su individualismo. “No nos parece casual que en esta época esté tan atrofiada la imaginación y al mismo tiempo haya un avance ultraconservador”, reflexiona.
En este sentido, la pintura se presenta como una posible respuesta: “Cuando pinto me gusta ver el vestigio de la huella. Es como una marca visible del tiempo y de la velocidad en la cual se movió un cuerpo. En este contexto donde todo es tan inmediato y literal y hay demasiada información al alcance de la mano, la pintura es como un detenimiento en toda esa avalancha. Hay algo que te permite pensar más allá de lo que ves, desconfiar de eso que ves. El material te permite dejar cierta ambigüedad sobre una imagen”.
Mediante sus obras plásticas Carrie construye una narración “a partir de su interés en los discursos visuales del underground y de los espacios de contracultura colectiva”, según indica el MALBA en su página oficial.
A la pregunta por la escena argentina de arte contemporáneo, Carrie destaca la variedad de posibilidades en un nicho donde convergen todos los estratos. “Podés ir tanto a muestras institucionales en museos o galerías de muchos recursos y deleitarte viendo un montaje increíble, como lugares autogestionados por los mismos artistas. Hay mucho cruce, es lo que más me divierte del arte, cuando vas a lugares que no son necesariamente un espacio de artes visuales pero se cruza todo”, expresa.
“¿Para qué hacemos arte si no es para conectar las sensibilidades humanas?”, es otro interrogante que plantea Bencardino. Y para ese encuentro hace falta salir del encierro. “Siento con nostalgia y melancolía que hay algo que se perdió con las redes y la tecnología y es un poco la capacidad de entregarse a la incertidumbre, de confiar más en lo no planificado. Es algo que antes el under tenía. Al final, la inspiración, el entender, viene siempre de un hacer con otres, de verte con otras personas, empaparte de sus vivencias, hacer cosas en conjunto”.
La inauguración de “El desentierro del diablo” será el viernes 11 de julio, a partir de las 19hs en el MALBA. La exposición que juega con guiños a la historia del arte, también cuenta con un video que incursiona sobre la influencia de otros artistas, el surrealismo y el pensamiento mágico en su obra.
En el marco de los programas públicos del MALBA abiertos a la comunidad habrá un conversatorio con diferentes artistas de la escena local contemporánea, entre ellxs: Lucas Disalvo Valentina Liernur, Victoria Bueno, Amanda Tejo Viviani, La Porkería Mala y Josefina Alen. También se llevará a cabo visita guiada protagonizada por Bencardino y Carlos Gutiérrez, el curador, con una posterior proyección del film Luzifer de Peter Brunner.
Para Carrie esta muestra fue una forma de ejercitar una salida, de “imaginar qué historias pueden haber detrás de la realidad literal y de última, el escape y la salvación que vengan de la posibilidad de seguir soñando e imaginando”.