
La primavera en Washington huele a un domingo bien argentino. A fútbol y asado. Los cerezos están en flor y sobre la parrilla crepitan chorizos y mollejas. Tocala acá, grita una platense con shortcito de Gimnasia. Juegan a la tocadita en Toca Juniors, un club de fútbol fundado hace más de 20 años por tres amigos, entre ellos un médico cordobés que se cansó de ganar copas con sus equipos y ahora salió a “fichar” a chicos con trastornos de desarrollo para sumarlos a su sueño.
Desde las gradas del club y hasta donde alcanza la vista se extiende un pedazo de campo recortado por suaves lomadas, con montañas a lo lejos. Estamos en Urbana, Maryland, a una hora en auto de la Casa Blanca. El ambiente entre rural y suburbano marida perfecto con el aroma a leña y asado. Pero todavía falta un rato para la hora del almuerzo.
Ahora los chicos están en fila y tocan la pelota acá y allá. La redonda se pide en castellano y en inglés. Una jugadora de las Mystics -una de las categorías más exitosas del club- enseña a dar sus primeros puntapiés a un nene con autismo en el programa de primavera Toca Smiles. Una experiencia de fútbol al aire libre no competitiva pero muy divertida, según se puede otear desde arriba. La tribuna, envuelta en camisetas rojas y azules, navega como un barco hacia el verano. Más que un club, el lugar parece un estado de ánimo.
Christian Noguera ya se sacó el delantal blanco de doctor, se calzó los cortos y explica en “cordobés” la importancia de fomentar la comunidad y el sentido de pertenencia. Sabe de qué habla. Este club de fútbol, que hoy aglutina a unos 400 jugadores, es ejemplo de trabajo social y semillero de cracks. Es médico gastroenterólogo, tiene 57 años y cinco hijos de 18 a 30, todos jugadores de alguna categoría del Toca Juniors Football Club. Por allí pasaron toda la infancia, con todos los veranos. Y siguen jugando ya de adultos, porque hay equipos para todos, incluso para mamás y papás.
El DT vive en Estados Unidos desde hace 30 años pero aún respira con la pasión intacta de la hinchada de Belgrano. Los fines de semana puede llegar a dirigir cinco partidos, con calor, lluvia o nieve. Llama a los padres, planifica los entrenamientos y hasta lleva y trae a los jugadores en su camioneta. La mayoría son hijos de argentinos o latinos. Es que la disciplina, a veces, no es más que una máscara de la vocación.
“Le pone tanta pasión a esto que yo bromeo y digo que la medicina ya ha pasado a ser un hobby para él”, cuenta su esposa Claudia, que también estudió en Córdoba.
Cuando Christian y su socio Francisco Montero fundaron Toca lo pensaron como un “club de barrio”, una filosofía que no existe en EE.UU. Un club con toda la cultura argentina. Con espíritu familiar y de integración. A la vuelta de los años y de tantas tocaditas, la pasión por el fútbol terminó por convertirse también en una terapia para chicos con autismo.