Aunque una pareja jure que se apoyarán en las buenas y en las malas, y que estarán juntos hasta que la muerte los separe, la realidad indica que, la mayoría de las veces estas promesas no se cumplen.

Según las estadísticas más confiables, casi el 60% de los matrimonios se rompe en algún momento. Y ya no se trata, solamente, de gente joven: el llamado “divorcio gris” que involucra a mayores de 50 años están en aumento en muchos países, como la Argentina.

La relativa facilidad para romper una relación establecida legalmente (el llamado divorcio express) puede ser una de las causas para que hombres y mujeres decidan seguir su vida por separado.

Sin embargo, los motivos para que un matrimonio fracase son muchos otros. Y los divorciados deberán tener en cuenta que la ruptura es un proceso de varias fases que deberán atravesar.

El sitio Psicología y Mente identifica varios motivos que llevan a la ruptura. “La causa más habitual de los divorcios es la carencia de comunicación efectiva. La falta de capacidad para expresar sus necesidades, sentimientos y preocupaciones de forma abierta y honesta puede ocasionar resentimiento y frustración en la relación”, explica el sitio.

Otro motivo es que “durante el desarrollo de las parejas y las transformaciones ocurridas con el paso del tiempo, es posible que descubran que tienen objetivos, valores o intereses distintos que no pueden conciliar”.

Agrega que “las disparidades en la etapa de la educación de los hijos, las prioridades financieras o incluso las ambiciones profesionales pueden generar tensiones y conflictos constantes en la relación, lo que puede llevar a su conclusión”.

Por supuesto, las infidelidades, que erosionan la confianza necesaria en cualquier relación, pueden llevar a la ruptura. “La traición emocional o física puede hacer que una pareja se sienta herida y traicionada. Aunque es posible consolidar la confianza, muchas parejas optan por separarse”.

El abuso físico, emocional o verbal es otra razón válida para decidir la separación, porque nadie debe estar sometido a maltrato de ningún tipo.

Una vez producida la ruptura, Psicología y Mente identifica cinco etapas de un proceso casi ineludible.

La primera de ellas es negación y aislamiento, cuando “la persona niega la realidad y actúa como si todo continuara igual. Es una etapa generalmente breve, que suele ocurrir como forma de protección, pues el impacto de la ruptura es tan grande que cuesta asimilarlo”.

“En esta etapa es importante que la persona sea consciente de las emociones que siente y el motivo por el cual están ahí. Es necesario que vea la situación de la manera más objetiva para obtener más claridad”, aconseja el sitio de psicología.

Luego comienza la fase de ira, durante la cual la persona siente rabia hacia la persona que le ha dejado. “Si en la fase anterior la persona no quería aceptar la realidad, ahora siente una tremenda frustración por lo que ha ocurrido y culpa a la otra de los males de la pareja. Entonces suele aparecer la venganza”.

A la ira le sucede la fase de negociación que puede ser muy peligrosa si no se gestiona bien, pues en un intento de aceptar la situación y acercarse a la otra persona de nuevo, se puede cometer el error de tratar de hacer cualquier cosa por recuperar la relación.

En la fase de depresión, “la persona pierde la esperanza de recuperar a su pareja. Comienza a ser objetivo y a darse cuenta de que no hay marcha atrás. Por lo que se siente realmente apenado ante la pérdida de quien fue tan especial para él o ella”.

Finalmente, la fase de aceptación, “la persona comienza a visualizar un nuevo futuro, acepta que la relación se acabó y que lo que no pudo ser, no será. Ya no busca estar con la otra persona y se siente en paz y preparado para conocer a una nueva pareja”, explica Psicología y Mente.



Fuente Clarin.com

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