
Podés tener el mejor perfume del mundo, pero si no lo aplicás bien, va a perder intensidad y duración. Muchas personas usan fragancias a diario, pero no todos saben cómo sacarles el máximo provecho.
Aplicar bien el perfume no es cuestión de azar ni de rociarse a último momento. Hay gestos muy simples que pueden hacer la diferencia entre un aroma que acompaña todo el día y uno que desaparece a la media hora. Y lo mejor: no necesitás gastar más, solo aprender a usarlo mejor.
Después de ducharte, tu piel está limpia, ligeramente húmeda y con los poros abiertos (sobre todo si usaste agua tibia o caliente). Esa es la oportunidad ideal para aplicar el perfume: la piel absorberá mejor la fragancia y el aroma se fijará con más fuerza.
Eso sí: secate bien antes. Si hay gotas de agua en la piel, el perfume puede diluirse. Y esperá unos 10 minutos antes de vestirte, así evitás que la ropa se lleve todo el aroma… y se manche.
Un truco muy simple pero poderoso: aplicá una crema hidratante (sin perfume o con aroma neutro) en las zonas donde vas a perfumarte. ¿Otra opción? Una pizca de vaselina. Eso hace que el perfume “se adhiera” mejor a la piel y libere su fragancia durante más tiempo.
No es lo mismo perfumarte en el aire y caminar por la nube, que aplicar directamente en los lugares justos. Buscá los llamados “puntos de pulso”, donde la circulación sanguínea es más cercana a la superficie de la piel. Son zonas naturalmente más cálidas, lo que potencia la difusión del aroma: