
En 1958 se publicó un trabajo de un economista neozelandés llamado Alban William Phillips. Sin querer quizás elaboró no sólo una de las relaciones más intuitivas que hay entre dos variables de la economía sino también para la gestión práctica del ejercicio de la política económica porque sugería que los presidentes o los ministros de Economía podían elegir entre diferentes combinaciones de desempleo y tasa de inflación.
“Dígame señor Presidente, ¿quiere bajar la inflación? Perfecto: la tasa de desempleo tiene que subir a tanto”.
“¿Quiere bajar el desempleo? No hay problema, la tasa de inflación será X”.
Un anécdota cuenta que Richard Nixon le dijo al entonces titular de la Reserva Federal Arthur Burns: “No importa la combinación, siempre errále más a la inflación”. El Presidente de Estados Unidos quería que el desempleo bajara y para ello si había que ‘sacrificar’ algo era la tasa de inflación.
Phillips analizó casi un siglo entero de datos relativos de Gran Bretaña y descubrió una relación inversa entre la tasa de desempleo y la tasa de crecimiento de los salarios: cuanto más elevada era la tasa de desempleo, menor era la tasa de incremento de los salarios. La investigación sugería entonces que había una relación de intercambio entre la inflación de salarios y el desempleo.
Aunque la curva original de Phillips relaciona la tasa de incremento de los salarios con el desempleo, rápidamente se la utilizó para relacionar la tasa de inflación y la de desempleo.
¿Vive la curva de Phillips hoy en la Argentina con la tasa de inflación cayendo y la de desocupación subiendo si se monitorean ambas relaciones a lo largo del último año y los datos de hace diez días?
¿Vive la curva de Phillips hoy cuando en la semana, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, sugirió que, a medida que el banco estudie más datos del mercado laboral y de inflación, la respuesta a si bajar o no la tasa de interés en EE.UU. (4,25%-4,5%) será más evidente? La Fed tiene el mandato de mantener una inflación baja y un empleo sólido.
El economista Paul Samuelson declaró que la relación que había ‘descubierto’ Phillips proporcionaba una herramienta “asombrosa” para regular la economía: aceptando un nivel de inflación más elevado, el Gobierno podría bajar el desempleo y si la inflación era muy alta podría bajar el gasto público o subir los impuestos para desinflar.
Samuelson incluyó la curva de Phillips en la edición de 1961 de su manual de economía. Lo mismo más tarde hicieron los economistas Rudiger Dornbush y Stanley Fischer.
La curva de Phillips era ‘ciencia’ para un grupo de economistas allá por los años sesenta y así lo fue para el Consejo de Asesores Económicos del presidente de Estados Unidos en aquel momento, de John Fitzgerald Kennedy: la última maravilla de la era atómica de la administración Kennedy era precisamente esta herramienta que permitiría, por ejemplo, fijar como objetivos 4% de desempleo y 2% de inflación. Se convirtió además en un eje central del pensamiento keynesiano.
Pero en 1970 ocurrió algo impensado para quienes habían suscripto aquella relación: de repente el desempleo empezó a subir y la inflación aún más de prisa. El rigor matemático y la precisión predictiva que había caracterizado la construcción teórica, ahora no funcionaban más y la curva de Phillips no solo era atacada sino que también el castillo keynesiano que se había edificado sobre los anteriores casi cincuenta años ahora era atacado. A punto tal que sus propios discípulos terminaron remordiéndose los labios.
“La ensoñación de la figura de Johan Maynard Keynes se convirtió en una pesadilla”, dijo una discípula de él, Joan Robinson, en 1971.
Los economistas Milton Friedman y Edmundo Phelps, que trabajaban por separado a fines de los sesenta (el primero en la Universidad de Chicago y el segundo en la de Columbia), pronosticaron la muerte de la curva de Phillips. Ambos sostendrían que la relación inversa se trataba en verdad de algo ilusorio porque a largo plazo (una expresión vaga de los economistas para establecer una mirada contraria a la noción de lo inmediato) la economía se desplaza siempre hacia la tasa natural de desempleo por las fuerzas del mercado. Además, señalaron que los trabajadores tienen en cuenta la inflación esperado y querrán un ingreso que tenga una compensación por el aumento de los precios.
Más tarde, la teoría de las expectativas racionales sugirió que en el corto plazo las políticas de demanda podrían no conseguir aumentos de la producción y solo subir los precios.
Muchos creen que modelos como el de la Fed, que replican la curva de Phillips, acumulan distorsiones con tal de priorizar la baja de la inflación y cuando de repente suben la tasa los emergentes entran en crisis como Asia en los 90. Argumentan entonces que los países deben hacer reformas y apostar por crecer para bajar la inflación sin enfriar la economía.