Ver para no creer

Jul 28, 2025



Recuerdo la escena. Era en los años’80. Trasladaban al presidiario de una cárcel a otra. Había golpeado, estrangulado y matado a su mujer, arrojándola desde un balcón. Un gentío alrededor de los “movileros”, lo aclamaba con los brazos en alto: ¡Campeón! No le gritaban “Asesino”. Le gritaban “Campeón”. Se trataba del famoso argentino Carlos Monzón, ex campeón mundial de box en 1970 y retirado en 1977, tras haber defendido su título en 14 oportunidades.

Lo pensé en aquel entonces y lo vuelvo a pensar ahora: “No hay mayor ciego que el no quiere ver”. La sabiduría popular no se equivoca. Lo que no se quería admitir era que el extraordinario campeón de box terminara siendo un golpeador y asesino, el asesino de su pareja, Alicia Muñiz ( 1988).

Había sido juzgado, condenado y encarcelado . Pero alguna gente no quería reconocer la evidencia, la lamentable verdad. No podía ver en el ex héroe al delincuente.

Y me enfrenté entonces con el tema de la negación, gran tema siempre vigente, por desgracia. A la negación – según lo que leí- no se la puede considerar como una mera falsedad, sino como una operación psicológica que le hace al individuo rechazar aspectos de una realidad que le resultan angustiantes o intolerables.

La negación permitiría, de ese modo, eludir el dolor, la angustia, distorsionando los hechos, desvirtuándolos. O viendo sólo un aspecto de la historia: la que satisface, la que conviene.

Encontramos estas características de personalidad en la vida diaria, desde los conflictos con uno mismo ( no ver lo que no nos gusta de nosotros, “la sombra”, como la llamaba Jung), hasta los familiares, en las relaciones amorosas, en los vínculos con amigos, con compañeros de trabajo y –con bastante frecuencia- en la interpretación de muchos hechos de la actualidad . Tanto en lo individual, como en lo colectivo . Hay negadores en lo que hace a la política, a la economía, a la Ciencia, a la Historia.

Para Lacan, una persona negadora no sólo niega algo, sino que lo excluye activamente de su realidad psíquica. Lo cual puede tener graves consecuencias en sus conexiones con el mundo.

La frase “Viendo no ven y oyendo no entienden” pertenece al Evangelio de Marcos ( 4:12). Alude a la incomprensión de los mensajes de Cristo.

En ese caso, la negación se utilizaría para explicar cómo, cierta gente, a pesar de tener la capacidad de ver y oír, no consigue entender el significado de las enseñanzas de Jesús por medio de sus parábolas, no comprende el significado de la moraleja que encierran.

De esta cita bíblica, surgirá luego la expresión idiomática, coloquial, “El que quiera oír, que oiga”, señalando que alguien debe de haber dicho algo trascendente, pero que el prestar atención y entenderlo depende del que escucha. Esa frase es una invitación para reflexionar.

Preguntándole al psiquiatra , psicoanalista y dramaturgo Hugo Bab Quintela cómo definiría él, desde su profesión, a la personalidad negadora, me responde : ”Según Freud, la negación es un mecanismo de defensa. Su objetivo es ocultar la realidad; una realidad que, por supuesto, le resulte traumática y/o peligrosa. Es una manera de reducir situaciones estresantes”.

Según él, la negación también puede rechazar la realidad o reconocerla, pero minimizando sus consecuencias. El Dr. Bab Quintela considera que el no poder enfrentar esos conflictos hablaría de cierta fragilidad que ha de estar en la base de las diferentes neurosis o psicosis.

“Generalmente, también – agrega- la negación viene acompañada de la certeza. O sea, que se vuelve imposible cambiarle la opinión, aunque a esa persona se le muestre la evidencia de lo contrario. Son personas que, además, frente al disenso de sus razonamientos se vuelven desconfiadas e irritables. Son personalidades rígidas, con difícil posibilidad de cambio”.

Muchas veces, la negación puede ser una estrategia para manipular la opinión pública.

Esto me trae a la memoria una siniestra manipulación en la Historia rumana, durante la dictadura comunista de Ceausescu. En una época de su gobierno, a los disidentes, se los veía como “insanos mentalmente” y se los internaba en hospitales neuro-psiquiátricos. Era lo que el gobierno quería ver y lo imponía a la sociedad como una verdad incuestionable. No eran opositores políticos, estaban locos.

También, y cambiando de fechas y de geografía, se me presentan situaciones locales donde, me aparecen claramente negaciones de la evidencia. Negaciones frente a hechos que han sido filmados, escritos, grabados. El desfile de valijas misteriosas, de bolsos con dinero, de monjas cómplices en la noche de un convento, de una minuciosa crónica manuscrita, apuntada en 8 cuadernos y ya digitalizada, movimientos de plata mal habida y negociados, de hombres contando montañas de dólares en una cueva de lavado de dinero , de discursos contradictorios, -asimismo grabados y filmados-, denostando a políticos, con nombres y apellidos, para luego alabar y endiosar a esas mismas personas, dando, descaradamente, la cara.

Estas estrategias de algunos sectores de la sociedad apuntan a obstaculizar la solución de problemas, creando confusión y dificultades.

Esos mecanismos son fruto de fanatismos, que son irracionales , pero también de una táctica premeditada que pertenece al oportunismo y a intereses bien delineados. Sobre todo, en lo que hace a las oscuras tramas de la corrupción.

Por eso, para muchos, el refrán “Ver para Creer”, no existe. Más bien, existen “Ver lo que se quiere ver. Oír lo que se quiere oír”. E inventar realidades paralelas, deformando los hechos y hablando de conspiraciones, persecuciones y lawfare para disfrazar aquello que , por conveniencia, se desea minimizar.



Fuente Clarin.com

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