
El mundo atravesó en los últimos años una sucesión de eventos extraordinarios que han alterado profundamente las dinámicas del comercio internacional y el abastecimiento energético. Primero fue la pandemia, que paralizó la economía global y mostró la vulnerabilidad de las cadenas de suministro. Luego vino la invasión de Rusia a Ucrania, que no solo conmocionó al sistema internacional, sino que reconfiguró dramáticamente el mapa energético global. Más recientemente, el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente añadió una nueva capa de incertidumbre.
En este contexto, los países buscan diversificar sus fuentes de energía, reducir su dependencia de zonas en conflicto y fortalecer la seguridad energética. Y es aquí donde emerge una oportunidad estratégica –y también una responsabilidad histórica– para la Argentina. Nuestro país no solo cuenta con recursos abundantes, sino también con un activo estratégico para el mundo de hoy: vivimos en una zona sin conflictos bélicos y contamos con un recurso de calidad y una industria centenaria con experiencia probada.
Vaca Muerta representa una posibilidad real para que la Argentina se transforme en un proveedor seguro y confiable de energía para la región y el mundo. En petróleo, hay una ventana esperada que imprime un sentido de premura para aprovechar un recurso rentable a precios actuales que potencie su capacidad exportadora. El gas natural, un recurso estratégico complementario de otras energías, con un gran potencial exportador y que permite imaginar un alto grado de agregación de valor local con el desarrollo de industrias asociadas.
Finalmente, la expansión de las energías renovables y la economía del hidrógeno, aprovechando el extraordinario recurso eólico. El desarrollo de cada uno de estos recursos parece ir alumbrando y potenciando al otro mientras se crean conocimientos, capacidades profesionales y tecnológicas y recursos financieros, creando un camino para los próximos 30 años de desarrollo energético del país.
En definitiva, para acelerar la velocidad del desarrollo del petróleo y viabilizar los proyectos de gas y renovables, necesitamos lograr condiciones de financiamiento adecuadas, con una baja del riesgo país y de la tasa de interés, y un marco regulatorio estable a nivel nacional y subnacional que de previsibilidad al sector.
El impacto transformador de la Inteligencia Artificial (IA) fue un tema omnipresente en la última edición de CeraWeek, el evento de la industria energética más importante del mundo que se hace todos los años en Texas. La IA está produciendo un cambio significativo en la demanda energética global. De acuerdo con el MIT Technology Review, en el 2024 los centros de datos de los Estados Unidos consumieron el equivalente de electricidad al consumo anual de Tailandia. Esta creciente demanda de energía alarga las perspectivas de demanda de petróleo y potencia las del gas.
El otro impacto de la IA es en la mejora de la productividad. Al igual que las principales empresas energéticas globales, Tecpetrol está avanzando en la automatización de sus operaciones con el Real Time Operations Center (RTOC), ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, desde donde se toman las decisiones de perforación y terminación para Vaca Muerta en forma remota.
La historia del petróleo en el mundo ofrece contrastes elocuentes entre países. El mero desarrollo de los recursos energéticos no garantiza un impacto sustantivo en la transformación del país. El “cómo” se haga ese desarrollo es igualmente importante. Noruega construyó un modelo de desarrollo sostenible basado en instituciones sólidas, fondos soberanos, transparencia y una visión de largo plazo. Pero aún más importante, la industria petrolera impulsó el crecimiento allí de sectores como la ingeniería y tecnología, operaciones off-shore, automatización industrial y finanzas para la energía, entre otras.
El anterior desarrollo energético argentino vio nacer, hace 70 años, a Tenaris. Con su kilómetro cero en Campana y una estrategia de internacionalización basada en I+D para el desarrollo de productos de alto valor agregado, Tenaris es hoy el principal fabricante de tubos de acero sin costura a nivel global. La compañía tiene presencia industrial en 16 países, emplea a más de 9.000 personas en Argentina y desde su principal centro industrial en Campana, exporta el 70% de su producción a países como Canadá, Colombia, Estados Unidos, México y Emiratos Árabes Unidos.
El petróleo y el gas no son, por sí solos, la solución a todos los problemas estructurales de la Argentina. Pero, desarrollados adecuadamente en un “proyecto país”, pueden ser una palanca poderosa para generar divisas, crear empleo de calidad, capacidades, desarrollos tecnológicos y activos de largo impacto que apuntalen el crecimiento futuro de la Argentina.
*Vicepresidente Institucional del Grupo Techint