En 1986 el Ejército del Aire y del Espacio español recibió los primeros cazas F-18, un avión supersónico conocido por su eficacia en todo tipo de misiones. Uno de los cien pilotos de estos aviones de combate ha ganado popularidad en las redes, en los últimos meses.

Enrique Gil Cañete, capitán del arma, ha revelado detalles sobre su vida como piloto de F-18 en el pódcast La fórmula del éxito, de Uri Sabat. Por ejemplo, afirmó que su sueldo alcanza a los 2.790 €, una cifra considerada baja para la responsabilidad que implica el cargo.

Además, los aspirantes a piloto de cazas, en España, deben participar de una especie de oposición (o selección) y aprobar varias pruebas físicas, psicotécnicas, médicas y de inglés. Un proceso desafiante. En 2012, cuando se presentó Gil Cañete, había 5.000 candidatos y solo 27 plazas.

De todas formas, no basta con ingresar. Recién al cuarto año se realiza la selección de quiénes se van a convertir en pilotos de caza, de aviones de transporte, helicópteros o drones, una especialidad introducida hace poco tiempo.

El piloto, que alcanzó ese puesto cuando tenía 23 años y ahora es capitán, cuenta con 700 horas de vuelo en F18 y hasta 2.000 contando las horas de formación a otros militares.

Durante la entrevista, Gil Cañete insistió en que, a la hora de pilotar, no se trata de evitar errores, sino de saber reaccionar. “Puedes equivocarte en una comunicación, pero si te bloqueas con eso, puedes cometer otro error más grave”. En su época de instructor, sabía cuándo un alumno iba por detrás del avión y estaba a punto de fallar en cadena. Lo llamaban efecto dominó.

También recuerda errores comunes, como confundir la pista de aterrizaje cuando ha cambiado el viento. “Intentas dejar que el alumno se equivoque, salvo que haya riesgo de seguridad. Si no, es bueno que lo vea y lo solucione él mismo”. Una técnica que podría aplicarse a muchas áreas del aprendizaje.

Ahora mismo no está pilotando, pero sigue sintiendo ese impulso: “Tengo ganas de volver. Aunque sé que llegará un momento en el que tenga que dejarlo”. Comparte la sensación de tener que renunciar a algo muy potente: “Es como que con 23 años te dan una Ferrari y luego tienes que conducir un Renault. O un eléctrico que ni suena”.

Cuando le preguntaron por la “dimensión destructiva” de su trabajo, respondió: “Nos entrenan para lo que implica, que es tirar bombas y matar. Pero lo hacemos desde los valores de defensa. No tener ejército porque quieres paz es como decir que no quieres policía porque no quieres delitos”.

En tren más filosófico, reconoció que al ingresar a la unidad “el ego se te sale el pecho”. Pero, agrega, “Tus superiores te lo meten para dentro bastante rápido”. Admite que el ego es necesario, pero también puede ser peligroso y reflexiona: “Tienes que creerte capaz, pero sin perder la humildad”.

“Cuando vuelas solo un caza de combate con 23 años te sientes el rey del mundo, pero a medida que pasa el tiempo esa sensación te genera tolerancia. Ya no es euforia, sino profesionalidad”, expresó.



Fuente Clarin.com

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