
“Ser creadora de fragancias es un estado mental, es descubrir el mundo desde el olfato”, cuenta en su página web personal Nina Lamaison, la artista olfativa que creó perfumes inspirados en la Guerra de Malvinas y en el Cruce de Los Andes en honor a San Martín. Nació en Tucumán pero aterrizó en Buenos Aires donde hoy tiene su galería y laboratorio.
La galería de arte de Nina Lamaison, ubicada en CABA en la calle Adolfo Alsina al 1433, es, en realidad, una cápsula del tiempo. El olfato es uno de los sentidos más subestimados y sin embargo, el más autónomo. La artista trabaja con lo que no se ve, hace magia con lo invisible. Los aromas y olores que crea son una invitación al pasado pero sobre todo, un portal que se abre para animarse a detenerse, recordar y sentir.
Nina se reconoce como escenógrafa olfativa y creadora. Desarrolla aromas que acompañan escenarios. “El arte olfativo busca plasmar en fragancias eso tan intangible como es el olor, siempre acompañado por una propuesta visual. Es bajar lo emocional y lo sensorial a algo concreto”, sintetiza al hablar de su trabajo. El arte olfativo fue un punto de llegada: de joven, en su ciudad natal, estudió nutrición pero le faltó la tesis, cursó algunas materias de química y farmacia y se recibió y trabajó como fisioterapeuta cuando vivió en Bahía Blanca. “No vengo del palo del arte, vengo del palo de la salud”, cuenta Nina, hija de una médica y un agrónomo nacidos en San Miguel de Tucumán.
“Mi primer recuerdo olfativo es el perfume de mi madre”, dice Lamaison mientras ceba en un mate negro con brillos, que podría también ser el frasco de una de las más de 45 fragancias que están expuestas en una gran vitrina. Se formó a distancia con perfumistas independientes, españoles, estadounidenses, y franceses —como Pierre Bénard, del Instituto ISIPCA, la única gran escuela mundial de perfumería—. “Mi primer laboratorio en Buenos Aires lo tuve en 2018. Desde entonces no paré. Empecé a trabajar con marcas, desarrollé mi propia línea (Nina La Maison), y me volqué cada vez más al arte olfativo”, rememora.
El mundo está lleno de paradojas. En pandemia, Nina perdió el olfato tras contagiarse de Covid-19. “Fue muy duro, fue como para Maradona perder las piernas”, expresa. Cada vez tomaba más conciencia del valor de este sentido, el único que no pasa por el tálamo antes de llegar al cerebro, lo que lo hace único y profundamente emocional. Para recuperarse, Nina desarrolló su propio kit de rehabilitación que hizo efecto en tan solo una semana. El olfato -agrega- se entrena y se rehabilita.
Lamaison es artista pero ante todo, argentina. La muestra desplegada en el salón Osmotic -el principal de su galería- se llama “Hay olor a arte, hay olor a historia argentina”. Las “postas olfativas”, que están en el perímetro del salón, reconstruyen el ADN del país. Maradona, Favaloro, Eva Perón, el dulce de leche, el asado y el mate son algunas de las fragancias de la exposición. Cada parada es una parte de la historia argentina pero también un concepto que se traduce en un aroma, un objeto y un texto, todo diseñado por la propia artista, que reflexiona: “Hacer esto en mi país es complejo, todavía no se entiende del todo. Se trata de capturar fragmentos de nuestra historia, personajes o símbolos icónicos de la Argentina, y traducirlos en fragancias para construir patrimonio sensorial”.
“Mi punto de quiebre fue crear la fragancia Trinchera, inspirada en Malvinas. Ahí entendí que esto era lo mío”, cuenta sobre el proyecto que trabajó a partir de entrevistas con ex combatientes y terminó condensado en una frasco que huele a tierra mojada, lucha y desamparo. Luego vinieron otras creaciones como Libertador, que homenajea a San Martín, o Saber eterno, por Sarmiento.
¿A qué huele la Argentina?, le pregunto mientras observo la muestra. Lamaison responde: “Argentina no huele solo a una cosa, es diversa. Los olores de nuestro país son identidad, memoria y educación”. Agrega: “Oler ayuda a los niños a aprender, a las personas mayores a recordar. Se pueden usar en salud, en pedagogía, en arte. No es solo un perfume”.
“Esta pasión nace de un duelo difícil de elaborar tras la muerte de mi papá”, cuenta Lamaison. Durante ese proceso, comenzó a buscar olores que la anclaran y que le faltaban para sentirse cerca de su padre. ”Como no los encontraba, los creé”, relata. La artista vendía difusores y aromas ambientales y, no conforme con las esencias disponibles, fue al laboratorio que la abastecía y exigió conocer los aromas. Le dijeron: “Bueno, si no están, vení y hacelo vos”. Y lo hizo nomás.
Nina, aparte de crear químicamente las fragancias en su laboratorio, registró y patentó un término nuevo en el lenguaje olfativo mundial: la osmotexia. Se trata de la capacidad de percibir olores como texturas, colores o sensaciones visuales. “No es sinestesia, es otra cosa: una interpretación sensorial subjetiva traducida al lenguaje. Un olor no solo huele a algo, sino que se siente de determinada forma”, concluye.
En 2023 ganó, con su fragancia Euphoria, el premio al mejor perfume independiente en el Concurso Internacional Mouillette D’Argent. Actualmente dirige la Asociación Argentina de Perfumistas Independientes de Habla Hispana, hizo el primer podcast sobre perfumería en español junto a Eli Diez llamado Perfumar es Humano y da talleres en su galería para grupos reducidos.