A principios de los 80, en Scarface, Michelle Pfeiffer dio su salto a la fama de la mano de Al Pacino. En esa película, llevó el papel de la híper elegante Elvira Hancock que deslumbró en las escenas del vestido azul satén tipo lencero con el corte de pelo carré y el cigarrillo en la mano.

Su nombre a partir de ahí quedó instalado como ícono de belleza. Claro, los ojos celestes, la melena rubia y la figura espigada cumplían con los ítems hegemónicos de la época.

Más tarde llegaron sus incursiones en Batman Regresa, Las brujas de Eastwick; y, más cerca en el tiempo, Frankie & Johnny, Mente peligrosa, Yo soy Sam o Maléfica, hasta superar las 50 participaciones en películas.

En ese recorrido, Pfeiffer decidió tomarse un largo descanso para criar a sus dos hijos.

La primera, Claudia Rose Kelley, fue adoptada en 1993, a la par del casamiento con su segundo marido, el productor David E. Kelley. “El proceso de adopción ya estaba registrado cuando yo y David nos conocimos”, dijo la actriz a Good Housekeeping en 2017.

Al año siguiente, en 1994, Michelle dio a luz a su hijo biológico, John Henry Kelley.

Cuando ellos eran muy pequeños dio un paso al costado de los sets de filmación, como un límite a la exigencia del mainstream y se dedicó full time a la maternidad. “Me considero muy bendecida con estos dos niños”, dijo en una nota para el sitio Vanidades.

Sin embargo, no todo fue luminoso en su vida. Una nota del sitio La Vanguardia cuenta que después del gran auge en Hollywood y antes de su maternidad, buscó refugio contra los excesos en una secta de “respiracionistas”.

El grupo proponía la insólita idea de hacer ayunos insostenibles e intentar vivir de la luz solar.

Pfeiffer estaba casada en ese momento con su primer marido, el actor Peter Horton y él estaba preparando el personaje de un hombre involucrado en una secta.

Eso la llevó a comprender los riesgos a los cuales estaba expuestas y a dar un paso al costado.

La contracara, siguiendo la misma nota, es que Pfeiffer aportó gran parte de sus ahorros a esa agrupación y resultó estafada.

Siempre lejos de los escándalos y fiel a su estilo glamoroso, en febrero pasado sorprendió en una publicidad para Yves Saint Laurent.

La campaña la muestra con las piezas de sastrería 2025 con el fondo de los los rascacielos de Nueva York.

Además, para el día de San Valentín posteó en su Instagram una foto junto a su marido desde hace más de 30 años, el productor de cine David E. Kelly. En una entrevista que cita la nota de La Vanguardia expresó: “Tuve mucha suerte. Nunca he conocido a una persona que tenga más integridad que mi esposo. Lo respeto. También está su humor e inteligencia, y es realmente guapo”.

En cuanto a su secreto de atracción, asegura que la clave está en la auto confianza. “¿Cuántas veces has conocido a una persona que no se parece a un muñeco Barbie o Ken pero que tiene algo sexy y con clase? El atractivo tiene más que ver con la forma en que uno se siente consigo mismo. Y la fanfarronería que puede venir con eso”, dijo en una nota para Women’s Health.



Fuente Clarin.com

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