¿Tiene ideología la inteligencia artificial generativa? Para algunos pensadores de la cuestión, el conocimiento basado en algoritmos es esencialmente conservador, en tanto nos ofrece información acumulada del pasado y nos induce a repetirla, sin dar espacio a la reflexión, la innovación y el pensamiento creativo. Otros responden que eso depende de cómo utilicemos esa herramienta.

Guiados por esta inquietud nos permitimos el siguiente ejercicio. Le preguntamos a un asistente de IA de los que tenemos más a mano si la Argentina fue alguna vez una potencia mundial. La respuesta fue -casi- afirmativa: “Argentina fue considerada una de las economías más prósperas del mundo a principios del siglo XX, especialmente entre 1860 y 1930. En ese período, el país experimentó un crecimiento económico significativo gracias a la exportación de productos agrícolas, como carne y granos, y la inversión extranjera. En 1913, Argentina era una de las 10 economías más grandes del mundo y tenía un ingreso per cápita similar al de algunos países europeos. Sin embargo, a partir de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, la economía argentina comenzó a declinar y nunca recuperó su posición de liderazgo. Aunque Argentina no se convirtió en una ‘potencia mundial’ en el sentido clásico, su historia económica es fascinante y ofrece lecciones valiosas sobre el desarrollo y el crecimiento”.

Contrastamos esta respuesta con una formulación diferente de la pregunta: “¿Por qué la Argentina nunca fue una potencia mundial?”, y nos encontramos entonces con otra respuesta que no nos desmiente y que -aparentemente- contrasta la anterior: “Argentina tuvo un gran potencial económico y social a principios del siglo XX, pero no logró convertirse en una potencia mundial debido a varios factores, incluyendo: 1. Inestabilidad política y económica, 2. Falta de inversión en educación y tecnología, 3. Problemas de corrupción y mala gestión gubernamental, 4. Dependencia excesiva de la exportación de commodities, 5. Crisis económicas recurrentes. Estos factores han afectado negativamente el crecimiento y desarrollo del país, impidiendo que Argentina alcance su máximo potencial”.

El Chatbot busca satisfacer nuestra inquietud y se adapta a los requerimientos. Una cuestión de sesgos, se dirá. Recordemos que así se presentan: los chatbots utilizan inteligencia artificial (IA) “para comprender las consultas de los usuarios y ofrecer respuestas relevantes, a menudo imitando una conversación natural”. Como no nos conforman sus respuestas algo contradictorias, insistimos: “Entonces, ¿fue o no fue la Argentina alguna vez potencia mundial?”. La devolución que obtenemos nos invita a matizar: “La respuesta es compleja. Argentina fue una de las economías más prósperas del mundo a principios del siglo XX, pero no alcanzó el estatus de ‘potencia mundial’ en el sentido más amplio del término”.

En síntesis, si tuviéramos que adjudicarle una ideología a la IA generativa, podríamos decir que es “marxista de la línea Groucho”: es una inagotable cantera de datos y argumentos, pero si estos no nos convencen, tiene muchos otros para ofrecernos.

Todo depende de cómo preguntamos, de cuánto estamos dispuestos a sostener una conversación y enriquecer nuestro conocimiento con otros puntos de vista o si solo se trata de reforzar los propios sesgos cognitivos. Y esto nos lleva a otra inferencia: cuando nos proponen polémicas simplistas basadas en afirmaciones contundentes y muchas veces antojadizas, sepamos ejercitar la duda metódica y desconfiar de las respuestas tajantes.



Fuente Clarin.com

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