¿Puede existir la democracia en un país subdesarrollado?. Mientras el agua sigue corriendo debajo del puente de la historia y vuelve a golpear a la sociedad. Pero cuando las respuestas son impensadas y simplistas resultan generalmente equivocadas –la mentira es una verdad subrayada- parcialmente subrayadas por lo menos.

Se trata de una cuestión de viabilidad. En las naciones subdesarrolladas las posibilidades que tienen las democracias para sobrevivir son mucho menos que las que cuentan los países desarrollados. No quiero decir que no puedan desenvolverse y eventualmente afianzarse, sólo afirmo que debemos apoyarlas contra viento y marea aunque sean versiones en borrador de lo que uno concibe como democracias. Quiero decir, que funcionen por lo menos algunos de sus presupuestos esenciales: división de los tres Poderes, libertad de expresión y garantía de la defensa en juicio. También que, de alguna manera, el gobierno refleje a la ciudadanía. Pero lo que conspira contra su viabilidad y evolución es, precisamente, su subdesarrollo económico que lleva a un subdesarrollo educacional, técnico, cultural y político. Y al desequilibrio peligroso entre los que tienen mucho y los que no tienen o tienen muy poco.

Aquellos dedicados a usufructuar de las ventajas que sacan del poder o por lo menos de su poder. Los otros a colarse por la puerta de la trampita, de los delitos tolerados o no. Pero en general las normas que tienden a imponerse son la ley del “sálvese quien pueda”; o del “estado de necesidad” con la música del que los ejecuta; o, el “cada uno para cada uno”. Lo cual convertido en sistema remata en la ley de la selva. Se pierde lo que es fundamental en toda convivencia, pero en especial en un régimen democrático: el respeto recíproco y se fomenta la corrupción y todo se convierte eventualmente permisible.

Porque el subdesarrollo, subdesarrolla todo. No sólo es aliado de la inmoralidad sino, que la fomenta. Todo termina como siempre: con un final ominoso, otra herida cerrada en falso, una nueva democracia en borrador –si la suerte acompaña-. De lo dicho no debe saltarse a la conclusión de que el ser país desarrollado implica por consecuencia el imperio absoluto de la decencia, la erradicación de coimas y favoritismos. Los hay, pero las condiciones de vida, las reglas de juego las hacen -para evitar una larga disquisición- menos nocivas para la comunidad, menos letales. En otras palabras no afecta su viabilidad. Sin desarrollo no hay democracia con perspectivas serias y fundadas de viabilidad.

Ezequiel Amaro / amaro.ezequiel@gmail.com

Sobre la corrupción K y los paraísos fiscales

A raíz de la carta al País enviada a los medios sobre la corrupción K, leí un comentario que me pareció muy atinado y prometí volver a escribir sobre el tema agradeciendo la excelente idea aportada en el mismo.

Allí el lector sugería internacionalizar la búsqueda del dinero depositado en paraísos fiscales ofreciendo el pago de un porcentaje de lo hallado.

La idea me pareció brillante, porque más de un estudio especializado en fuga de capitales, que además conocen las triquiñuelas de las que se valen para invisibilizar esos capitales, se interesarán para aportar “datos anónimos y precisos” (trampa con trampa se paga), que lleven al descubrimiento de las inmensas fortunas depositadas en más de un paraíso fiscal pensando en la comisión que percibirán.

La idea queda expuesta . . . teléfono, Santiago Castro Videla (Procurador del Tesoro Nacional).

Otto Schmucler / oschmucler@gmail.com

Candidaturas testimoniales: “entre legalidad y legitimidad”

Las candidaturas testimoniales, nada nuevo en la política argentina, volverán a hacer de las suyas.

Oficialismo y oposición utilizan esta triquiñuela para sumar votos sin respetar al ciudadano que emitirá su voto sin saber si el candidato asumirá.

Surge entonces la disyuntiva entre legalidad y legitimidad. Lo legal nos dice que hay conformidad de la ley, no está prohibido. Pero lo legítimo, significa aceptación social, moral y ética.

No siempre ambos términos coinciden y este es un caso revelador de la poca importancia de los políticos sobre la sociedad.

Guillermo Luis Bravo / guillermoluisbravo@yahoo.com.ar

Le pide al Gobierno por “una nueva Argentina”

Uno de los mayores obstáculos que tiene nuestro país para crecer es su pésima distribución demográfica. Hace más de 20 años estoy estudiando y proponiendo la solución a este problema: reubicar habitantes de los conurbanos hacinados desde las grandes ciudades AMBA-Rosario-Córdoba-Mendoza a ciudades del interior, unas 300 de entre 7.000 a 100.000 habitantes, construyendo modernos barrios, parques industriales con fábricas dando valor agregado a la producción primaria de la zona: granos, carnes, frutas, minería etc.

Semejante cambio se podrá financiar sólo con el dinero que tenemos en el país sumado al éxito de los RIGI. Para ello tendremos que llevar todos los pesos a los bancos, igual que los 300.000 millones de dólares de los colchones.

Así los bancos podrán y deberán prestar más de diez veces la base monetaria a tasas razonables. Apelo a la imaginación del lector y ver cómo en pocos años nuestra Argentina se convertirá en un país moderno, bien distribuido, sin villas carenciadas y con un PBI multiplicado.

Ojalá estas líneas lleguen a nuestro Gobierno que tanto quiere cambiar al país.

Ricardo Olaviaga / rolaviaga157@gmail.com

“La perfidia en los exámenes de ingreso a medicina”

Ejercí por medio siglo esta noble profesión médica condoliéndome por los que escapan de ese raro y nunca bien apreciado momento que son los tiempos de salud.

Fiel como un devoto inquebrantable al inspirador juramento hipocrático, jamás podía imaginar que en la mente de alguien se permitiera comenzar su derrotero mintiendo.

Quienes se advinieron a estafar con su pésima conducta un examen que abrió las puertas a esta noble profesión ya mostraban la perfidia en su genética mental, por lo que jamás podría pensarse que pudieran llegar a ser buenos colegas.

La humanidad ha venido decayendo en los últimos tiempos, en cuanto a esos valores éticos que definen a nuestra humanidad con los que esperanzadamente pergeñamos distanciarnos de la bestia.

Intuyo que, de seguir así, vamos camino a la autoaniquilación, más aún cuando autoritarios o directamente tiranos pueden tener al alcance de su dedo el temido botón rojo.

Héctor Cuadrado / hectorcuadrado@yahoo.com



Fuente Clarin.com

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