Los expertos aseguran que el origen de los apellidos ocurrió en China alrededor del año 2.850 a.C. Luego, durante la República romana, comenzó a utilizarse un sistema de identificación bastante parecido al actual.

Al inicio de la República, los romanos ya tenían un nomen y un praenomen. A estos luego se agregaba la filiación diciendo el padre y, en algunos casos, hasta el abuelo. Por ejemplo, Julio César se escribía Gaius Julius Caesar C. F. C. N., es decir, Gayo Julio César, hijo de Gayo, nieto de Gayo.

En la Edad Media, en tanto, el apellido era un privilegio de las clases altas y estaba formado por cuestiones cotidianas de referencia como, por ejemplo, el oficio y el lugar donde una persona vivía.

En la Argentina, en la actualidad, se usan 348.000 apellidos. Debido a la gran influencia de la inmigración italiana es posible que algunas personas tengan antepasados de la Antigua Roma.

Tal como informa el diario español La Razón, “durante la época romana, el sistema de nombres era complejo y estructurado. Se componía del praenomen (nombre personal), el nomen (que identificaba la familia o el clan) y el cognomen (que distinguía una rama específica de la familia o reflejaba un rasgo característico)”.

Esta tradición evolucionó y muchos de estos nombres se transformaron en apellidos. Algunos de ellos mantienen una relación con la cultura y la historia romana aunque no necesariamente indiquen un parentesco con tan lejana civilización.

Algunos de los apellidos que pueden sugerir un “parentesco” romano son:



Fuente Clarin.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *