“Caballos de Quilmes”, una organización que desde hace más de una década rescata equinos víctimas de maltrato en el conurbano bonaerense, enfrenta una crisis. Debe comprar el terreno donde funciona su hospital veterinario o abandonar el predio, poniendo en riesgo su labor.

La historia detrás de esta organización se remonta a los años ochenta, cuando Karina Dotto, su fundadora, hizo su primer rescate a los 16. Desde entonces, convirtió esa vocación en una red de voluntarios, veterinarios y estudiantes que asisten a caballos rescatados y les dan una segunda oportunidad.

La relación de Karina con los caballos comenzó cuando era niña. Le dolía ver a los carreros con muchos de sus animales golpeados y sedientos. A los 16 años, luego de salir de entrenar patín en el Club Deportivo Berazategui y sin planearlo, hizo su primer rescate. Liberó a un caballo que estuvo atado durante días a un carro que estaba al lado de la comisaría que estaba frente al club.

“Estaba agotado y se le vencían las piernas. Le pedí una pinza al sereno del club, desaté el carro, lo liberé y empecé a caminar con él”, recuerda. Lo llevó a un terreno baldío, pero a la mañana siguiente el animal apareció muerto. Luego de la necropsia, se supo que tenía un cólico obstructivo. En su intestino encontraron bolsas, hilos y basura, por lo que el caballo iba a fallecer tarde o temprano.

Ese episodio, que casi termina en una causa judicial por robo de caballo, marcó el inicio de un camino. Con los años, Karina pasó de rescatar perros y gatos a integrarse a un grupo de mujeres que denunciaban la tracción a sangre en Quilmes. En 2012 fundó “Caballos de Quilmes”, una organización que desde entonces se dedica al rescate, recuperación y adopción responsable de caballos maltratados. “La tracción a sangre animal no es solo el caballito lastimado. Es trabajo infantil, microbasurales, precarización y hasta delito de autopartes para armar los carros”, denuncia Dotto.

La ONG funciona en un terreno que les fue cedido en comodato. Allí construyeron un hospital veterinario equipado para realizar intervenciones complejas como la cirugía de cólicos obstructivos, una patología común entre caballos de carro que comen residuos. Durante la pandemia, cuando las universidades cerraron y no había dónde atender a los animales, comenzaron la obra. “Fue de casualidad, por la necesidad de seguir salvando”, explica Karina. Con ayuda de donaciones y el trabajo de albañiles del barrio, levantaron un quirófano donde hoy operan a caballos que, de otro modo, morirían.

Pero el comodato venció y los herederos del terreno lo pusieron a la venta. Si la ONG no logra comprarlo, deberá abandonar el predio, con todo el equipamiento incluido. “No se pierde una tierra, se pierde la segunda y única oportunidad que tienen”, resume Dotto. En su Instagram @caballosquilmesoficial está toda la información necesaria para poder colaborar.

Desde hace un año y medio, el hospital recibe a estudiantes de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata, que realizan allí sus prácticas con casos que no llegan a las universidades. Cada operación tiene un costo de entre $5.000.000 y $6.000.000, pero “Caballos de Quilmes” solo cobra lo mínimo para cubrir insumos y honorarios. “El postoperatorio se extiende por al menos 10 días. Cada uno cuesta entre $100.000 y $150.000, pero lo hacemos nosotros mismos”, detalla.

En estos años, la organización rescató más de 1500 caballos. Muchos llegan desnutridos, enfermos o heridos. Algunos, como Clotilde, una yegua ciega y preñada que llegó golpeada y colapsó dos veces en un carro, logran recuperarse y tener a sus crías en libertad. Otros, como Tilo, un potrillo hipoglucémico, marcaron un precedente: fue uno de los dos equinos en el mundo tratados con un medidor de glucosa humano, según publicó Mariel Frezza, su neonatóloga. Cuando finalizan la recuperación y las causas judiciales, los caballos se dan en adopción bajo estrictos requisitos: “Los animales siempre encuentran la forma de agradecer. Cuando miran el verde, la lejanía, saben que no hay golpes, no hay hambre, solo libertad”, cierra Karina.





Fuente Clarin.com

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