
En Estados Unidos, tener un patrimonio superior al millón de dólares todavía forma parte del famoso sueño americano. Un sueño para pocos porque allí hay 24 millones de personas con ese dinero, y esto representa menos del 10% de la población total. Es decir, solo uno de cada diez estadounidenses es millonario.
Pero el índice de referencia para considerar a alguien como “superrico” está en aumento y ya no alcanza con ser millonario, como si ello fuera fácil. Mientras hace 30 años, hacían falta 30 millones para ser más que rico, ahora el mínimo son 100 millones. Son los “centimillonarios”, algo así como 29.000 en todo el mundo.
Claro que, arriba de todo, están los multimillonarios, o billonarios en términos anglosajones. Son las personas que superan los 1.000 millones de dólares de patrimonio. Una verdadera elite mundial, con solo 3.000 integrantes.
Más allá de los best-seller con fórmulas para hacerse rico y de otros que analizan la mentalidad de los millonarios, existen pocos estudios serios sobre los rasgos de personalidad de estas personas. Los que los distinguen de la enorme mayoría.
Un artículo del doctor Rainer Zitelmann, autor de The Wealth Elite, publicado en el sitio de Hemley & Partners, informa de estudios realizados en Alemania sobre la personalidad de los más ricos. Explica que “un equipo de seis economistas y psicólogos de las universidades de Münster, Maguncia y Berlín exploró la cuestión con mayor profundidad en un estudio a gran escala, y encuestaron a 130 personas adineradas para elaborar un perfil psicológico de individuos con alto patrimonio, que compararon con el de la población general”.
El modelo utilizado para describir los diferentes tipos de personalidad es el llamado de los cinco grandes, que se refiere a la conciencia (organizada, puntual, persistente y orientada a objetivos); neuroticismo (estabilidad psicológica); amabilidad (preocupación por la armonía social); extroversión y apertura a las nuevas experiencias.
Zitelmann afirma que “el estudio concluyó de forma consistente que las personas ricas son más conscientes, más abiertas a la experiencia y más extrovertidas que la población promedio. También son menos afables (es decir, menos propensas a rehuir los conflictos) y menos neuróticas (es decir, más estables psicológicamente)”.
El autor afirma que él realizó el primer estudio científico cualitativo sobre la psicología de los superricos, es decir, de personas con al menos 10 millones de euros. Asegura que su investigación, titulada La élite adinerada, difirió en la profundidad del estudio mencionado. “Hablé con cada entrevistado entre una y dos horas, y las transcripciones abarcaron 1.700 páginas. También utilicé un test de los cinco grandes, pero con muchas más preguntas (50 en total)”.
¿Qué reveló el estudio de Zitelmann? En principio, “que los ricos son menos afables y neuróticos, pero más meticulosos, más abiertos a la experiencia y más extrovertidos”.
De las entrevistas, surgieron algunas características llamativas. Por ejemplo, que “los súper ricos son, en su gran mayoría, inconformistas a quienes les encanta nadar contra la corriente. Afrontan las derrotas y los reveses de manera diferente a otras personas: se culpan a sí mismos, no a los demás ni a la sociedad en general”.
Además, “no existe correlación entre el rendimiento escolar y universitario, por un lado, y el éxito financiero, por otro. En muchos casos, el aprendizaje y el conocimiento implícito (la corazonada y la intuición) pesan más que el aprendizaje y el conocimiento explícito (aprendizaje académico)”.
En tanto, “la búsqueda del lujo (como autos y mansiones) es un factor clave para algunos superricos, pero hay otros para quienes esto es irrelevante. Sobre todo, a los superricos los motiva la búsqueda de libertad e independencia. Quieren decidir por sí mismos si trabajan, qué hacen, cuándo, dónde y con quién”.