El destacado escritor, dramaturgo y médico ruso del siglo XIX, Anton Chéjov, es considerado uno de los maestros del relato corto y un innovador vanguardista del teatro moderno. Nacido en 1860, murió a causa de la tuberculosis en 1904, a la corta edad de 44 años. ¿Cuál fue su obra más importante?

Esta última pregunta es de difícil respuesta, ya que señalar una sola obra como la “más importante” de Chéjov es complicado, debido a que su legado es vasto y diverso. Sin embargo, puede existir cierto consenso sobre cuál podría ser la que mejor encaja en ese perfil, en cuanto a su temática, alcance y estilo.

Chéjov es reconocido por su estilo literario, el cual se lo asocia con el realismo y el naturalismo. Sus obras se caracterizan por la sutileza, la profundidad psicológica de sus personajes y la exploración de la vida cotidiana. Como se adelantó, revolucionó el teatro al alejarse de las estructuras dramáticas tradicionales y centrarse en la atmósfera, los personajes y los subtextos.

Chéjov empezó a escribir para sostenerse económicamente mientras estudiaba medicina en Moscú. “A la gente le encanta hablar de sus enfermedades a pesar de que son las cosas menos interesantes de la vida”, opinaba en su doble condición de médico y literato, antes de morir un 15 de julio tras sufrir un infarto.

Muchos de los cuentos escritos en sus años de estudiante se extraviaron porque los publicaba con distintos seudónimos y en diversos medios. Generalmente eran relatos breves y humorísticos sobre campesinos. Su abuelo había sido un mujik -un campesino pobre- que ahorró toda su vida para comprar su libertad y la de sus hijos.

Una vez recibido y mientras ejerció la profesión, Chéjov continuó escribiendo en prestigiosos periódicos, y su labor fue reconocida con el Premio Pushkin. En confianza, solía decir que la medicina era su esposa y la literatura su amante. En 1887 comenzó a percibir los signos y síntomas de la enfermedad que condicionaría los últimos años de su vida: la tuberculosis.

Para mejorar su precaria salud visitó distintos balnearios sin abandonar su actividad artística. Sus obras de teatro se destacaron bajo la dirección de Konstantín Stanislavski. “Nada hay más aburrido y menos poético que esta lucha prosaica por la existencia que destruye el goce de vivir”, decía el autor mientras su vida se acortaba, razón por la cual se le recomendó pasar largas temporadas en climas más templados, la única terapia efectiva que se conocía a principio del siglo XX.

“El jardín de los cerezos” es, quizás, la considerada de sus obras maestras como la más destacada. Es una obra de teatro que explora los cambios sociales en Rusia a principios del siglo XX, con una mezcla de comedia y tragedia. Durante el ensayo de esta obra conoció a la que sería su esposa, la actriz Olga Knipper. Otras obras son Tío Vania y Las tres hermanas, tan reconocidas como la primera.



Fuente Clarin.com

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