
Canadá está atravesando su segunda peor temporada de incendios forestales registrada, con más de 16,5 millones de acres quemados y más de 700 focos activos según datos del Canadian Interagency Forest Fire Centre. Provincias como Manitoba, Saskatchewan, Ontario y British Columbia concentran los principales focos, en una temporada agravada por temperaturas inusualmente altas, sequías y condiciones climáticas extremas que muchos expertos vinculan directamente con el cambio climático.
Las áreas más afectadas por incendios en este momento son el norte de Manitoba y Saskatchewan, aunque el humo ya ha cruzado la frontera y está impactando a cientos de ciudades estadounidenses. Según el Canadian Wildland Fire Information System, las “hotspots” más intensas se ubican cerca de comunidades remotas, donde el acceso para controlarlos es muy limitado.
El humo de estos incendios ha cruzado la frontera y alcanzado gran parte del territorio estadounidense. Ciudades como Milwaukee, Detroit, Buffalo y Toronto han registrado niveles de calidad del aire peligrosos, con índices AQI que superan los 150. En ciudades del Este y Midwest, se han emitido alertas de calidad del aire, y en lugares como Detroit y New York, el AQI ha alcanzado niveles considerados “insalubres para grupos sensibles”.
Por ejemplo, en Detroit, el AQI alcanzó niveles de 159, similar a fumar medio paquete de cigarrillos al día en términos de exposición a partículas finas (PM 2.5). La exposición continua a este tipo de partículas puede agravarse en personas con asma, enfermedades pulmonares o cardiovasculares, y en niños y adultos mayores.
La mayoría de los incendios en Canadá son provocados por rayos, aunque también hay causas humanas. La situación se ha agravado por el cambio climático, que incrementa las temperaturas y prolonga las temporadas secas, volviendo a los bosques canadienses un “fogonero” natural. La perspectiva de temperaturas más altas y condiciones más secas hasta septiembre sugiere que la temporada de incendios aún continuará siendo intensa.
Respirar aire contaminado con humo de incendios forestales equivale, según expertos, a fumar entre un cuarto y media cajetilla de cigarrillos por día. Esto se debe a la alta concentración de partículas finas PM2.5, que penetran profundamente en los pulmones y pueden llegar al torrente sanguíneo.
El AQI -una escala que mide la contaminación del aire- considera “seguro” un índice por debajo de 50. Sin embargo, muchas ciudades están muy por encima de este umbral.
Durante el humo provocado por los incendios en 2023, las visitas a salas de emergencia por asma aumentaron un 20%. Además, estudios recientes vinculan la exposición prolongada al humo con un mayor riesgo de demencia, enfermedades cardiovasculares y partos prematuros.
El pronóstico del clima indica que las concentraciones de humo aumentarán en las próximas horas y podrían mantenerse altas en varias regiones del Midwest y Northeast de EE.UU. hasta el miércoles, cuando se espera una mejora en la calidad del aire. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) y servicios meteorológicos vigilan de cerca estas condiciones para emitir alertas oportunas.