
Desde hace ocho años, Finlandia es considerado el país más feliz del mundo, según un estudio realizado por Gallup, el Oxford Wellbeing Research Centre, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU y el Consejo Editorial del Informe Mundial de la Felicidad (WHR).
En el país nórdico, la felicidad no es solo un objetivo, sino una forma de vivir. Para sostener esta filosofía, utilizan un enfoque conocido como fluxing, una alternativa que permite a los ciudadanos mantener su bienestar y así continuar posicionándose como el país más feliz del mundo.
Se trata de una técnica sencilla que propone aceptar el cambio, adaptarse a las incertidumbres que se presenten y mantenerse enfocado en el presente para no perder de vista el bienestar personal.
El fluxing proviene del término en inglés flux, que significa “flujo” o “cambio constante” y es una forma de estar en paz con la incertidumbre para disfrutar del momento presente.
A diferencia de otros países, donde se suele premiar la productividad sin descanso y la perseverancia se vuelve obsesiva, en Finlandia el bienestar es una prioridad. Esta técnica permite reconocer cuándo es momento de delegar, soltar y confiar en que las cosas seguirán su curso natural. Se trata de equilibrar la acción con la contemplación, y la productividad con el descanso.
Además, en lugar de buscar constantemente la felicidad externa, el fluxing promueve la paz interior y la aceptación de las emociones, incluso las negativas, y ayuda a valorar los pequeños placeres y momentos del día.
Sin embargo, este no es el único enfoque que adoptan los ciudadanos de Finlandia para seguir posicionándose como el país más feliz del mundo. También se apoyan en valores como el “sisu”, que representa la determinación, la resiliencia y la capacidad de afrontar cualquier desafío con coraje. De esta manera, mientras el “sisu” impulsa a las personas a perseverar, el fluxing les enseña que también está bien soltar y confiar.
Trabajar en el desarrollo de esta técnica día a día no requiere grandes esfuerzos. Solo hace falta identificar qué actividades generan felicidad, establecer vínculos sólidos y compartir tiempo con los seres queridos, desconectarse del estrés y valorar el presente.