Desde hace años, un extraño fenómeno magnético que ocurre justo sobre Sudamérica y el Atlántico sur tiene en vilo a científicos de todo el mundo. Se trata de la Anomalía del Atlántico Sur (AAS por sus siglas en inglés), una región donde el campo magnético terrestre está significativamente más debilitado que en otras partes del planeta. Ese debilitamiento genera una especie de “agujero” en nuestro escudo protector natural, y eso representa un riesgo concreto para satélites y tecnología espacial.

La NASA, junto con la Agencia Espacial Europea y otras entidades científicas, monitorean esta anomalía de forma constante. ¿Por qué? Porque los efectos de esta zona son reales: satélites que fallan, datos que se pierden y más exposición a partículas solares peligrosas. Y lo que más preocupa ahora es que la AAS se está expandiendo y desplazando.

La Anomalía del Atlántico Sur no es magia ni ciencia ficción. Su origen está en lo más profundo de la Tierra. En el núcleo externo, el hierro y el níquel fundidos se mueven y generan el campo magnético terrestre. Pero ese proceso —conocido como geodinamo— no es uniforme, de acuerdo a un artículo de Sustainability Times.

Hay dos factores principales que provocan el debilitamiento en esta zona:

Ambos elementos modifican la forma en que se genera el campo magnético en esta región, provocando una inversión parcial de polaridad y haciendo que el campo se debilite aún más.

Para la NASA, la AAS es una preocupación constante. Cada vez que una nave o satélite cruza esta zona debilitada —lo cual pasa con frecuencia— se expone a niveles elevados de radiación solar. Esto puede causar fallos técnicos, pérdida de datos o incluso daños permanentes en sus sistemas.

Según explicó Bryan Blair, investigador del instrumento GEDI en la Estación Espacial Internacional (EEI), la anomalía provoca reinicios y fallos esporádicos que generan pérdidas de datos durante algunas horas al mes.

Incluso la EEI cruza esta región en cada órbita. Si bien la cápsula está protegida, los instrumentos externos quedan más expuestos, y eso obliga a tomar recaudos. Muchos satélites apagan sistemas no esenciales al atravesar la AAS como medida de precaución. Lo mismo hacen misiones como ICON, que monitorean constantemente la zona.

La AAS no se queda quieta. Según las mediciones recientes de los satélites Swarm de la Agencia Espacial Europea y los datos históricos de la misión SAMPEX de la NASA, la anomalía se está desplazando hacia el noroeste. Y desde 2020, algo aún más inquietante: comenzó a dividirse en dos lóbulos, generando dos centros de mínima intensidad magnética.

Esta bifurcación complica aún más el panorama. Aumenta las zonas de riesgo para los satélites y hace más difícil predecir el comportamiento del campo magnético.

Para anticiparse a posibles problemas, la NASA utiliza simulaciones basadas en datos del núcleo terrestre y satélites. Con estos modelos, como el Campo Geomagnético de Referencia Internacional (IGRF), intentan predecir cómo cambiará el campo magnético en los próximos años o décadas.

Estos cambios lentos, conocidos como variación secular, son parte del comportamiento natural del planeta. Y aunque la evolución actual de la AAS no tiene precedentes en la era moderna, los geólogos aseguran que no es señal de una inminente inversión de polos magnéticos —un fenómeno que sí ocurrió en el pasado, pero a lo largo de cientos de miles de años.



Fuente Clarin.com

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