
Irán desarrolló durante décadas una red secreta de instalaciones subterráneas conocidas como “ciudades misiles”, operadas principalmente por la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
Estas estructuras forman parte de una estrategia defensiva que Teherán decidió mostrar al mundo el pasado 25 de marzo. Ese día, el régimen publicó un video de una de las instalaciones, donde se ve al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, general Mohammad Bagheri, y al comandante de la Fuerza Aeroespacial del CGRI, Amir Ali Hajizadeh, recorriendo un túnel subterráneo repleto de misiles balísticos y lanzaderas móviles.
Las “ciudades misiles” de Irán se construyen bajo montañas y se ubican en regiones estratégicas cercanas al Golfo Pérsico. Son fortalezas de hormigón y acero, difíciles de detectar por satélites o enemigos, y capaces de resistir ataques aéreos convencionales.
Estas instalaciones funcionan como mucho más que simples almacenes. Operan como centros de lanzamiento listos para disparar misiles sin mostrar movimientos visibles, ya que permanecen ocultos en zonas estratégicas. La combinación de invisibilidad, fortaleza estructural y poder ofensivo les otorga un valor estratégico considerable.
Ciudades misiles subterráneas de Irán: una amenaza para Israel y Estados Unidos
Las llamadas “ciudades misiles” de Irán representan una amenaza significativa para Israel y Estados Unidos por su capacidad para ocultar, proteger y lanzar misiles sin ser detectadas con facilidad.
Estas bases subterráneas se construyeron con el objetivo de evadir la vigilancia satelital. Se estima que se ubican a 500 metros bajo tierra y que están reforzadas con múltiples capas de concreto. Esta profundidad y nivel de fortificación impide que las bombas más potentes del arsenal estadounidense logren destruirlas.
Aunque algunos expertos sostienen que se podrían neutralizar estas bases al atacar las áreas de lanzamiento excavadas en la roca, el mayor desafío radica en localizarlas, ya que hasta el momento no se sabe su ubicación exacta.
La capacidad de permanecer ocultas convierte a estas instalaciones en una amenaza estratégica, ya que permite a Irán conservar la posibilidad de un segundo golpe en caso de conflicto, lo que complica cualquier intento de ataque preventivo por parte de sus adversarios.