El Presidente Javier Milei había adelantado que no tenía previsto comprar dólares en el mercado para aumentar las reservas del Banco Central como lo había acordado con el Fondo Monetario Internacional.

Ese acuerdo prevé que el Central debería comprar unos US$ 3.700 millones hasta fin de junio para cumplir con la meta de mediados de año y otros US$ 4.000 millones para fin de año.

El Presidente hizo punta sobre el cambio de estrategia oficial consistente en que no tenía previsto comprar esos dólares en el mercado local y el gobierno opta ahora por la colocación de un bono por US$1.000 millones, pagadero en pesos y diseñado a medida de inversores del exterior o locales que tengan cuentas en el exterior.

Ese bono con vencimiento en 2030 pero con una posibilidad de salida en 2027, antes de las elecciones nacionales, constituye “otra fuente de financiamiento” para cumplir con la meta ante el FMI, como lo confirmó Pablo Quirno, secretario de Finanzas, en un encuentro organizado por el Mercado de Valores en el museo Malba.

Quirno dijo que la acumulación de reservas no es “una preocupación diaria” ratificando lo que viene demostrando el gobierno desde hace semanas con cierta intensidad: todo se orienta a evitar compras de dólares que puedan hacer subir el precio y, por lo tanto, poner en riesgo la ansiada búsqueda de la “deflación”.

Fue en el Malba donde se abrió una nueva grieta entre economistas que piensan muy parecido respecto a qué debería hacer el gobierno de ahora en más, en materia cambiaria.

En ese escenario, uno de los economistas preferidos del Presidente y un acérrimo defensor de dejar fijo al dólar para bajar la inflación , Ricardo Arriazu, abrió las diferencias al decir “ yo ya hubiera intervenido en el mercado”.

Partiendo de la premisa que con superávits gemelos (fiscal y financiero) la Argentina tendrá un fuerte ingreso de capitales, Arriazu sostuvo que, si vienen todas las inversiones, habría que comprar reservas para que no se derrumbe el tipo de cambio.

Citó el caso de Brasil que con déficit fiscal pero con US$ 370.000 millones en las reservas logro estabilizar el tipo de cambio en medio de una corrida que le costó US$ 40.000 millones. Sintetizó su punto de vista en que la Argentina necesita tener US$ 100.000 millones (hoy las reservas son US$38.000 millones) para tener sustentabilidad futura.

En la visión oficial, los dólares vendrán por la vía financiera en el corto plazo y por las inversiones (energía, minería, RIGI, etc) en el mediano. Un punto a seguir de cerca, por tanto, será la dinámica a la que deberá adaptarse una economía con el peso sobrevaluado.

Apostar todo a un dólar barato y a la expectativa que el esquema tiene el panorama despejado en el corto plazo, aparece rindiendo frutos en materia antiinflacionaria este mes.

En la cuarta semana de mayo, el precio de los alimentos consumidos dentro del hogar, según el relevamiento de EcoGo, aumentó 0,2% ¨marcando una desaceleración de 0,6 puntos respecto al registro de la semana anterior¨.

Con ese resultado, la inflación minorista de mayo seria de 2% con otra baja sensible respecto de 2,8% que midió el INDEC en abril.

El gobierno apuesta al dólar tranquilo en los meses de ingreso de los dólares de las exportaciones de soja y maíz pero también a la heterodoxia que implica ¨conversar aumentos¨ con supermercados, ponerle un techo virtual y deseado de 1% de suma a las paritarias y administrar la subas de tarifas.

Pero, también otro concepto de Quirno ¨no hay más margen para que los empresarios suban los precios por las dudas. No venden¨.

La recuperación del poder de compra de los salarios viene demorada y el ingreso disponible para consumo de las familia había caído en la medición de marzo.

El consumo fragmentado sigue mostrando, por ejemplo, aumentos fuertes en las ventas de autos y motos pero en rojo para alimentos y bebidas.

La oferta de bienes y servicios con altos componentes de dólar barato (autos, electrónicos y viajes al exterior) están en un gran momento mientras que el consumo corre de atrás a pesar del aumento del volumen de crédito.

El anuncio oficial de que los ¨dólares del colchón¨ podrían usarse para comprar ¨cualquier cosa encontró serios reparos tributarios al punto que todavía se desconoce el alcance de la posible medida.

Dólares del FMI, dólares del mercado para aumentar las reservas, un posible repo por US$ 2.000 millones de bancos internacionales y los del ¨colchón¨ forman parte de esa importante masa financiera que se suma en estos meses a los de las exportaciones del campo y la energía.

Todo se presenta orientado a lograr una deflación rápida en el año electoral dejando de lado la recomposición de las reservas del Banco Central que, en la visión de Arriazu y de otros economistas como el ex ministro Domingo Cavallo, le harían ganar sustentabilidad futura a un esquema cambiario que arrancó bien pero sigue generando incertidumbre.



Fuente Clarin.com

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