
Ricardo Darín me hizo vivir momentos de alta tensión y de profunda ternura. Aquella escena en El secreto de sus ojos, cuando regresa a la casa del personaje de Pablo Rago y descubre al asesino de su esposa encerrado… Rago le dice: “¿Usted me dijo perpetua, o no?”. Escalofriante. Único.
Darín me ha regalado tantos momentos como ese, tan llenos de intensidad, que me puse a pensar cómo podría traducir lo que quiso decir recientemente, en términos económicos, a mi manera.
Habló de empanadas. Pero no de cualquier empanada: mencionó que pagó 43 dólares o $50,000 por 12 empanadas. Y claro, esas empanadas están muy lejos de las que se pueden encontrar en un supermercado del interior, sea en Tucumán, Córdoba, Rosario o incluso en la misma Ciudad de Buenos Aires.
Hoy, hay empanadas que cuestan desde $12.000 hasta $25.000 (el precio por docena, claro). Y sí, quizá a Darín “lo fajaron”, como decía mi Zeide, con ese precio gourmet. Pero la gran pregunta no es si pago caro o no, sino: ¿cuántas horas necesito trabajar para poder comprarme una docena de empanadas en cualquier lugar del país?
Veamos. Si sos empleado público en provincias como Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, Córdoba o Salta, el promedio indica que necesitás trabajar unas 5 horas para comprarlas.
En el sector privado, según mis cálculos, la media baja a 3,5 horas. Hay una diferencia sustancial. Ahora, si sos empleada del hospital de niños, ganás unos 2,53 dólares por hora. Se precisan unas 5 horas como doctor para poder comprar la docena de empanadas, una locura, para alguien que se quemó las pestañas diez años.
Pero si hablamos de esas empanadas “top” que compró Darín, ahí la cosa cambia: en promedio, se necesitan 10 horas de trabajo en el sector privado y 12 horas en el sector público.
¿Lo positivo? En un mercado capitalista con precios libres (aunque inestable), hay una oferta para todos los paladares y bolsillos. Y eso, de alguna forma, es un consuelo.
Pero el fondo de la cuestión no son las empanadas. Lo que Darín puso sobre la mesa —quizá sin quererlo del todo— es una realidad: el poder de compra de los argentinos se está derrumbando. El ajuste es fuerte, y algunos sectores lo sufren más que otros.
El punto es, cuántas horas de trabajo cuesta pagar el servicio eléctrico, pagar el seguro medico, la cuota de un colegio, remedios, etc, asuntos vitales para que una sociedad funcione en armonía y previsibilidad. Cada uno que haga sus cuentas.
Es importante reconocer que estas realidades, aunque sean parciales, generan debate, crean opiniones encontradas y pueden incluso alimentar un clima de incertidumbre.
Como siempre, hay muchas verdades.