
Podría haber tenido una vida de aventuras. Primero, se casó antes de cumplir los 19. Después, se fue de Santiago de Chile a un kibutz en Israel. Más tarde,se fue a vivir a Nueva York y tuvo tres hijos. Empezó a escribir. Todavía se casaría una tercera vez, tendría otros dos hijos. Y se dedicaría a protagonizar atentados terroristas internacionales. Iría presa… y seguiría escribiendo. Se llamaba Mariana Callejas y sus aventuras fueron, sobre todo, banalidad. Y terror.
El 30 de septiembre de 1974 a la medianoche, el excomandante en jefe del Ejército de Chile Carlos Prats estacionó su auto Fiat 125 frente a su casa en la calle Malabia 3305, de Palermo. Vivia en la Argentina refugiado tras el derrocamiento de Salvador Allende.
Prats descenció del auto y apenas alcanzó a dar un paso o dos cuando el vehículo estalló matándolo a él y a su esposa, Sofía Cuthbert. El detonador había sido pulsado por Mariana Callejas primero, y ante la falta de respuesta, por su tercer marido, el estadounidense Michael Townley, agentes ambos de la policía secreta pinochetista, la temible Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).
No sería la última vez que esa ama de casa con aspiraciones literarias emprendería misiones de espionaje y atentados. Lo cuenta en detalle el periodista Juan Cristóbal Peña, que es además académico del Departamento de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado en el extraordinario libro Letras torcidas: Un perfil de Mariana Callejas (Ediciones UDP).
“Me interesaron sus crímenes y su literatura, pero también su vida doméstica“, explicó el autor a Clarín. Y agregó: “De hecho, tenía una vida social más o menos activa, en parte porque nunca pagó por sus crímenes y gozó por tanto de impunidad y desenfado”.
Entre el cuidado de sus cinco hijos, la escritura de sus cuentos, la gestión de la casa y la organización de una concurrida tertulia literaria, Callejas se comprometió en el plan de aniquilamiento de quienes no pensaban como la dictadura pinochetista.
¿Por convicción? ¿Por ideología? ¿Por maldad? ¿Por qué se hacen (hoy y ayer) estas cosas?
Responde Juan Cristóbal Peña: “Hay una gran banalidad en sus acciones, un despropósito y, como me dijo su hijo mayor, una falta de convicción política que hace que todo lo que hizo como agente del terrorismo internaconal sea todavía más brutal y perverso”.