
Y todo sin salir de casa…Tras la Exposición Rural de Palermo, que culminó el domingo pasado, se viene en Congreso de Aapresid. En el mismo lugar, como el año pasado, cuando el gran think tank del agro aterrizó por primera vez en Buenos Aires.
Más allá de la invalorable concentración de contenidos en un momento ideal para el debate con “Código Abierto”, como es la consigna del Congreso, hay un par de sucesos que enmarcan el evento. Ambos tienen que ver con el lanzamiento de dos libros de contenido muy especial, porque toman los ejes más relevantes de la tremenda transformación del agro argentino en los últimos 50 años: semillas y manejo. Ciencia y muñeca, más coraje.
En el marco del Congreso, Oscar Domingo presentará el jueves 7 a las 17 horas, sobre “La Industria Semillera en la Argentina”. El autor me convocó con dudoso buen criterio para que lo acompañe en el lanzamiento, así que no lo voy a “spoilear” aquí y ahora. Solo les comento que narra desde los primeros ensayos hasta los desarrollos biotecnológicos actuales, en una edición tremendamente elegante, jalonada con testimonios fotográficos de enorme valor, reportajes a los héroes vivientes de la gigantesca revolución.
De los cruzamientos a la biotecnología. Los Buck, los Klein, los de los primeros híbridos de maíz de Marino en Cargill, el girasol híbrido de Conti, las hazañas de Eduardo Leguizamón y Francisco Firpo en Nidera, con Rodolfo Rossi. Los intentos de trigo híbrido de Machado, hasta la epopeya más reciente de los Bartolomé de GDM liderando la genética de soja (nada menos) a nivel mundial. Desfilan todos: Ramón Agrasar y Fabio Nider en Dekalb, Antonio Calvelo en NK.
El otro libro es mucho menos pretencioso en la producción editorial, pero de enorme importancia testimonial. “Memorias de un chacarero”, escrita por otro gran ingeniero agrónomo al que le debemos mucho por sus intensos esfuerzos comunicacionales a los largo de su carrera. Se trata de Aberto Orozco Echeverz, sobrino y discípulo directo de don Desiderio Echeverz Harriet (Pochoco), sin duda uno de los personajes más importantes de nuestra historia agrícola.
Quienes cursamos agronomía en la UBA hace 60 años, tuvimos el privilegio de viajar al oeste semiárido de la mano del ing. Ag. Jorge Molina. En la tapa del libro “Memorias…” está el inolvidable profesor, junto con Pochoco y Alberto. Atrapante, en el interior pululan anécdotas cargadas de conceptos. Todos unidos por el “mambo” de la conservación de los suelos, sometidos por entonces al embate de la erosión eólica. Don Desiderio conoció a Bennett, autor del Servicio de Conservación de Suelos de los Estados Unidos, que nació precisamente como un instrumento para frenar las voladuras de los campos después del Dust Bowl de 1930 en el medio oeste norteamericano.
Nacía la agricultura de conservación en la Argentina. Pochoco no se conformó con aplicar lo que venía de afuera. Diseñó sus propias herramientas, y creó una empresa de maquinaria agrícola que sería señera en el oeste: Maracó, de General Pico. Desde sistemas de laboreo especiales, con hitos como el rastrón poceador, la rastra puercoespín, los cuerpos de siembra que colocaban la semilla en profundidad (semi lister).
Pero al mismo tiempo, buscando escala. Están las fotos de los increíbles sistemas de acople de múltiples sembradoras, tiradas por tractores de orugas. La organización tenía hace ochenta años 18 tractores de este tipo con los que sembraban miles de hectáreas de alfalfa, su principal actividad. Alberto asegura que su tío tiene el récord mundial de kilos de novillos entregados a frigoríficos en el siglo XX. Hay fotos de Pochoco, a los 83 años (falleció en 1992 a los 88), tirado debajo de una rastra mirando la posición de los discos.
Después llegaría la directa. No fue magia. Muchos hacedores, no suficientemente recordados y homenajeados. En este congreso de Aapresid los evocaremos.