El principal interrogante de los nuevos tiempos que corren y que derivaron en la presidencia de Javier Milei, tras veinte meses de gestión libertaria y a menos de tres de su primera elección de medio término, es cuánto impactará en su gestión el desplazamiento de la práctica política.

A diferencia de los ocho presidentes, todos políticos, que lideraron los distintos gobiernos desde el retorno a la democracia, es la primera vez que se sienta en la Casa Rosada un economista. Con el plus de que Milei desprecia a la política, la considera intrascendente y por eso la deja en manos de su hermana, Karina Milei, sin antecedente alguno en la materia. Otra porción la ostenta el asesor Santiago Caputo.

El show montado en un canal de streaming, más parecido al living de la quinta de Olivos que a un estudio, refleja la relevancia que Milei le otorga a la economía. Allí apareció con todo su equipo económico -Luis Toto Caputo, José Luis Daza, Pablo Quirino y Santiago Bausili-, posiblemente, su principal capital. Reconocido por su solidez y homogeneidad los organismos internacionales hasta los fondos de inversión.

Es en esas aguas donde el libertario nada con mayor comodidad y donde puede mostrar logros. Ha bajado la inflación considerablemente, liberó para las personas el cepo cambiario y dejó que el dólar flotara sin riesgo alguno; y alcanzó un impensado superávit fiscal mediante un histórico ajuste.

Hasta el FMI acaba de desembolsar esta semana los US$ 2 mil millones que le negaba, entre otros puntos, porque la Argentina incumplía la meta de al menos US$ 2400 millones en reservas. Con balanza negativa de -2400 millones en el Banco Central, el Fondo -¿con el guiño de Donald Trump?- miró para otro lado y aceptó ese saldo. Y como frutilla del postre, le dio una gran mano pateando la próxima revisión para después de las elecciones.

Sobre esa base sólida, el Gobierno también transita un sendero de incertidumbres. Mientras un sector de la economía crece como minería, automotrices, electrodomésticos, y viaja por el mundo -gastando miles millones de dólares en turismo en el exterior-, otro padece la caída del consumo como el turismo, la industria y la construcción, en un combo en el que se cuela el aumento del desempleo.

En política, las aguas son más turbias. Es milenario el debate acerca de si la política debe estar subordinada a la economía, o a la inversa. Eso sí, la política condiciona a la economía y ese fenómeno no puede ser ignorado. Lo padeció el Gobierno con el freno a varios de sus decretos vía judicial; la caída de Ficha Limpia; el fracaso de los pliegos de Ariel Lijo y Nicolás García-Mansilla; o en la mayoría de las elecciones provinciales.

La conformación de un frente electoral impulsado por cinco gobernadores -¿o seis con el correntino Gustavo Valdes?- es un proceso que se adelantó porque se trata de una disputa que debía darse después de la elección legislativa. Si se anticipó es porque ayudó la intransigencia de la Casa Rosada, al no dar solución al menos a algunos de los reclamos o postergarlos para después de octubre. Por el contrario, Milei confrontó a los mandatarios.

A ese nuevo frente le costará doblegar la figura de Milei en sus distritos. Pero es probable que se queden con bancas de diputados y senadores que en otras circunstancias podrían pasar a engrosar los futuros bloques oficialistas en el Congreso. La silenciosa movida permitió que ingrese un tercer jugador, por ahora menor, al mapa que se pretendía que solo fuera repartido entre el mileísmo y el kirchnerismo.

En la Casa Rosada analizan que un triunfo en octubre, que a esta altura nadie discute pero hay diferencias respecto de cuánto sacará LLA, terminará con el kirchnerismo. ¿Es así? Si Axel Kicillof se impone en la elección provincial del 7 de setiembre, con Cristina Kirchner presa e impedida de volver a ser candidata, ¿no se erigirá como el nuevo referente del PJ, con claro perfil kirchnerista, para el 2027?

Enrique Cristofani, quien durante dos décadas fuera presidente del Banco Santander describía en una entrevista con Seúl que “el riesgo país es el riesgo de que la sociedad vuelva a votar al populismo”. Y recuerda que en el balotaje presidencial del 2023, pese a la pésima gestión del gobierno de Alberto Fernández, Sergio Massa “sacó el 45%”.

Es Cristina Kirchner desde su confinamiento en su departamento en Constitución quien ahora brega por la unidad del peronismo en todo el país; quiere manejar la lapicera de las candidaturas para octubre. Así, en la estratégica provincia de Buenos Aires fue el propio Máximo Kirchner quien dejó abierta la puerta para ser candidato a diputado nacional si su madre así lo decide; también trascendió que la expresidente apostaría a alguna cara nueva, alguien menos conocido pero con gestión y apuntaría a Mariel Fernández, actual intendenta de Moreno, para encabezar la lista. Además de tener buena relación con los movimientos sociales podría ser una apuesta para la provincia en 2027, aseguran..

En el otro principal distrito, la Cuidad, no es menos convulsionada la situación. Al punto que derivó en una pelea sigilosa entre Jorge Macri y su alter ego Mauricio Macri. Todo por Milei y un eventual acuerdo. Los macristas de paladar negro no quieren que se repita la derrota electoral en el distrito porteño. Los macristas rebeldes se preguntan, ¿quién hablará de nosotros, del PRO, después de octubre si en la provincia y la Ciudad nos somos absorbidos por los libertarios?

Es factible que la elección del 26 de octubre actúe como una suerte de tamiz y que luego de ese proceso, muchos dirigentes queden en el camino con sus aspiraciones políticas. Por eso el armado electoral también es una carrera por la supervivencia.



Fuente Clarin.com

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