
UNICEF publicó un nuevo informe sobre la situación de pobreza en la infancia y la adolescencia en Argentina, tal como lo hace continuamente desde 2016. Según datos oficiales del segundo semestre de 2024, el 52,7% de las niñas y los niños en Argentina vive en hogares cuyos ingresos no alcanzan a cubrir el valor de la canasta básica de bienes y servicios, lo que representan 6,4 millones de niñas y niños en situación de pobreza monetaria. De esa cantidad, 1,5 millones (el 12,3% del total) se encuentran por debajo de la línea de indigencia.
De esta manera, la pobreza infantil registra en el segundo semestre de 2024 una caída de 14.4 puntos porcentuales comparados con el pico del primer semestre de ese año (67.1%), o de casi 6 puntos si se compara con el mismo semestre del año anterior (58.5%). Esto equivale a 1,7 millones, en el primer caso, u 800 mil niños y niñas, en el segundo caso, que dejaron de ser pobres. Las previsiones para el primer semestre del año en curso muestran que la pobreza monetaria descendería aún más.
Estas son, sin duda, buenas noticias para aquellos chicos y chicas que están en hogares que han visto sus ingresos reales aumentar por la desaceleración inflacionaria, que son beneficiarios de los programas de transferencias de ingresos, como la Asignación Universal por Hijo (aumentada en 100% en 2024), o que se incorporaron a la cobertura de la Prestación Alimentar (que incluyó a los adolescentes de 15 a 17 años inclusive). Así, la pobreza muestra una clara tendencia a la baja, pero sigue afectando a uno de cada dos chicos en Argentina.
El reto hoy es consolidar esta tendencia y reducir las desigualdades estructurales que aún persisten. Por ejemplo, en hogares con bajo nivel educativo, la pobreza infantil alcanza el 81%, en las familias que viven en barrios populares la proporción es 72,3%, en donde las personas adultas tienen empleos informales es 68,4%, y en los hogares monoparentales con jefatura femenina es 60%.
La aproximación a la pobreza multidimensional que nos presenta el documento da cuenta de que ésta se ha mantenido relativamente estable en los últimos años, lo que nos puede dar unas pistas de por donde orientar la política pública si se analizan las dimensiones respectivas.
El camino es todavía largo, y lleno de obstáculos, por lo que es necesario que se consoliden y fortalezcan los programas de apoyo a los ingresos de los hogares con chicos, mientras se abordan, tan pronto como sea posible, las privaciones no monetarias y se reduzca también la pobreza multidimensional.
La coalición global “End Child Poverty”, de la cual UNICEF forma parte, identificó que varios países que redujeron la pobreza sustancialmente, tanto monetaria como multidimensional, influenciaron ese resultado con varios ingredientes: crecimiento económico y empleo, un sistema de protección social efectivo, inversión sostenida en el sector social, y acciones coordinadas e intersectoriales.
Los ingredientes básicos están ahí, solo faltan algún elemento más que haga a la receta tan argentina como el dulce de leche, y el compromiso y determinación de todos, desde donde estemos (nación, provincias, municipios, sector privado, comunidad, medios, etc.), para erradicar la pobreza infantil. El reto está echado.
Rafael Ramírez Mesec es Representante de UNICEF en Argentina