
El emú (Dromaius novaehollandiae) es una gran ave no voladora originaria de Australia. De hecho, la segunda ave más grande del mundo, después del avestruz. Tiene un cuerpo robusto cubierto de plumas suaves de color marrón grisáceo, patas largas y fuertes, y puede alcanzar hasta 1,9 m de altura.
Es un ave excelente corredora y puede alcanzar los 50 km/h. Se alimenta principalmente de plantas, frutas, semillas e insectos. Vive en una variedad de hábitats, desde bosques abiertos hasta zonas desérticas.
Pueden vivir en solitario o en pequeños grupos y tienen un papel destacado en el ecosistema australiano y en la cultura aborigen. También el emú es el ave no oficial del país y está representado en el escudo de armas de Australia.
Sin embargo, hace casi un siglo, debido a los daños que causaban a los agricultores, el gobierno inició una verdadera guerra contra los emús que, al final, salieron victoriosos.
La guerra contra los emús en Australia: la insólita batalla que terminó en derrota humana
En 1932, según un artículo de la BBC, en Australia Occidental, las cosas iban de mal en peor para los agricultores. “Muchos eran veteranos de la Primera Guerra Mundial a quienes el gobierno les había concedido tierras, para ayudarlos a volver a integrarse a la sociedad y para aumentar el cultivo de trigo”.
Sin mucha experiencia en las labores rurales, los veteranos terminaron por instalarse en terrenos marginales, donde además de lidiar con un suelo pobre y lluvias escasas, tenían que enfrentar a los conejos y perros dingos que amenazaban los cultivos. A ellos se agregaron unos 20.000 emús hambrientos que destrozaron las vallas que mantenían alejados a los conejos e hicieron estragos en las plantaciones.
Los perjudicados acudieron al ministro de Defensa, sir George Pearce, quien accedió a sus peticiones: desplegar soldados armados con ametralladoras para matar a las aves. “Así, a principios de noviembre de 1932, la Séptima Batería Pesada de la Artillería Real Australiana, bajo el mando del mayor GPW Meredith, llegó a Campion”, dice la BBC. En realidad, Meredith solo contaba con un sargento y un artillero armados con dos ametralladoras ligeras Lewis.
Como en lugar de permanecer en grandes manadas los emús comenzaron a dispersarse, en tres días, los hombres mataron solo 30 emús. “Dos días después, una ametralladora se atascó durante una emboscada en un abrevadero, con miles de emús merodeando a la vista”, dice un artículo de National Geographic.
Un mes y medio después de comenzar la “campaña militar”, los soldados habían matado a “unos 2500 emús, lo que no mejoró la situación de los agricultores. Poco después, se escucharon reclamos de mejor trato para los animales, y el gobierno canceló la operación”.
“Sólo hay una manera de matar a un emú, dispararle en la nuca cuando tiene la boca cerrada, o en la parte delantera cuando tiene la boca abierta. Así de difícil es”, le dijo uno de los soldados al Sunday Herald.
Lejos de amedrentarse, los agricultores siguieron pidiendo ayuda. Incluso, en 1943, exigieron al ejército que lanzara bombas contra los animales. El gobierno solo le dio municiones a los afectados y ofreció recompensas por la caza de emús, lo que tuvo algo más de éxito.
“En 1953, el gobierno comenzó a construir una valla a prueba de emús de 215 km como parte de la batalla que se libraba continuamente contra una criatura considerada en el país y en el extranjero como un símbolo nacional de Australia”, publicó el Sunday Herald. La valla se extiende por más de 1.200 km, para la tranquilidad de los agricultores y la preocupación de los ecologistas.
Los emús, protegidos por una ley de 1999, suman más de 700.000 ejemplares que siguen corriendo por la gigantesca Australia.