A medida que se prolonga y en el umbral de su vigésimo segundo mes, la guerra en la Franja de Gaza enfrenta a amigos y familiares y agudiza las profundas divisiones políticas y culturales existentes en Israel.
Las familias y los activistas por la paz desean que el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu logre un alto el fuego con Hamas y que ese grupo ultraislámico libere a los rehenes que tomó en el ataque terrorista de octubre de 2023 que desencadenó el conflicto.
Al mismo tiempo, los miembros de derecha del gabinete de Netanyahu quieren aprovechar el momento para ocupar y anexionar más territorios palestinos, a riesgo de provocar nuevas críticas internacionales.
El debate ha dividido al país y tensado las relaciones más privadas, socavando la unidad nacional en un momento de gran necesidad para Israel en medio de su guerra más larga.
“A medida que la guerra continúa, nos dividimos cada vez más”, dijo Emanuel Yitzchak Levi, un poeta, profesor de escuela y activista de 29 años, perteneciente a la izquierda religiosa israelí, que asistió a una reunión por la paz en la plaza Dizengoff en Tel Aviv.
“Es muy difícil seguir siendo amigo o familiar, un buen hijo, un buen hermano de alguien que, desde tu punto de vista, apoya crímenes contra la humanidad”, aseguró a la AFP. “Y creo que también es difícil para ellos apoyarme si piensan que he traicionado a mi propio país”.
Para subrayar este punto, un ciclista, enojado por la concentración, detuvo su bicicleta para gritar “traidores” a los asistentes y acusar a los activistas de hacerle el juego a Hamas.
Una marcha en Tel Aviv, contra la guerra en Gaza y para reclamar la liberación de los rehenes. Foto: REUTERS La hambruna en Gaza y el terror de Hamas
Dvir Berko, un trabajador de 36 años de una de las muchas empresas emergentes de tecnología de la ciudad, también se detuvo en el centro de Tel Aviv para compartir una crítica más razonada al llamado de los activistas a un alto el fuego.
Berko y otros acusaron a los organismos internacionales de exagerar la escasez de alimentos en Gaza, e incluso dijo a la AFP que Israel debería retener la ayuda hasta que se libere a los 49 rehenes restantes.
“El pueblo palestino está controlado por Hamas. Hamas les quita la comida. Hamas ha iniciado esta guerra y, en todas las guerras, suceden cosas malas. No se le envían flores al bando contrario”, argumentó. “Deben darse cuenta y comprender lo que va a pasar después”.
Las voces que se alzan en Tel Aviv reflejan una polarización cada vez mayor en la sociedad israelí desde que la masacre de Hamas en el sur de Israel en octubre de 2023, que dejó 1.219 muertos, entre ellos familias enteras y decenas de jóvenes que asistían a un festival de música electrónica. Además, los milicianos palestinos se llevaron como rehenes a 250 personas. Algunas fueron liberadas durante breves treguas entre Israel y Hamas, otros murieron y aún quedan más de 40 en manos de los terroristas. El ejército israelí estima que más de 30 están ya muertos.
Decenas de palestinos suben a camiones que llevan alimentos entregados por organizaciones humanitarias. Foto: REUTERS El periodsita independiente Meron Rapoport, antiguo jefe de redacción del diario de centroizquierda Haaretz, señaló que Israel ya estaba dividido antes de este conflicto e incluso había sido escenario de enormes protestas contra la corrupción de Netanyahu y las amenazas percibidas a la independencia judicial.
El ataque de Hamas desencadenó inicialmente una ola de unidad nacional, pero a medida que el conflicto se ha prolongado y la conducta de Israel ha sido objeto de críticas internacionales, las actitudes de la derecha y la izquierda comenzarn a distanciarse y endurecerse.
Trabas para un alto el fuego
Según una encuesta realizada entre el 24 y el 28 de julio por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, con 803 encuestados judíos y 151 árabes, los israelíes consideran por un estrecho margen que Hamas es el principal responsable del retraso de un acuerdo para la liberación de los rehenes.
Solo el 24% de los judíos israelíes se sienten “angustiados” o “muy angustiados” por la situación humanitaria en Gaza, un territorio “amenazado por la hambruna” según la ONU.
Sin embargo, hay apoyo para las familias de los rehenes israelíes, muchos de los cuales han acusado a Netanyahu de prolongar la guerra artificialmente para reforzar su propia posición política.
En una carta abierta publicada el lunes, 550 ex militares, jefes de inteligencia y altos diplomáticos, instaron al presidente estadounidense, Donald Trump, a decirle a Netanyahu que la fase militar de la guerra ya estaba ganada y que ahora debía centrarse en un acuerdo para la liberación de los rehenes.
El arqueólogo bíblico Avi Ofer, de 70 años, lleva mucho tiempo haciendo campaña por la paz entre israelíes y palestinos. Al borde de las lágrimas, dijo a la AFP: “Este es el período más terrible de mi vida”.
“Sí, los de Hamas son criminales de guerra. Sabemos lo que hacen. La guerra estaba justificada al principio. Al principio no era un genocidio”, afirmó.
Lo mismo dijo el viernes el célebre escritor israelí David Grossman en una entrevista al diario italiano La Repubblica.
“Me negué durante años a usar este término: ‘genocidio’. Pero ahora no puedo evitar usarlo, después de lo que he leído en los periódicos, después de las imágenes que he visto y después de hablar con personas que han estado allí”, explicó Grossman.