El deseo del hombre por desplazarse sin la necesidad de un caballo fue el verdadero motor que impulsó el desarrollo de lo que hoy conocemos como automóvil. Y si bien todos recuerdan el triciclo de Carl Benz de 1886 como el gran hito de la automoción, éste no fue el primer auto de la historia, si no el primero en patentarse como tal.

Este ingenioso invento, con motor de combustión interna, marcó el inicio de una nueva era de la movilidad, que verá su evolución directamente ligada a hechos fortuitos de la historia reciente.

Los primeros autos, posteriores a 1886, eran vistos como una curiosidad para los ricos y aventureros, ya que eran mecanismos precarios pero muy costosos, inalcanzables para el bolsillo de la clase trabajadora. Pero Henry Ford vio el potencial que tenían y el deseo que causaba en la sociedad esta “cosa autopropulsada”y, con la masividad que sólo un norteamericano puede proyectar, revolucionó la producción con el Ford T aplicando la cadena de montaje (que ya se utilizaba en otros rubros). Desde entonces, los automóviles comenzaron a ser accesibles y la demanda creció exponencialmente.

A partir de ahí todo fue evolución sin disrupción. Nacieron la carrocería autoportante, los frenos hidráulicos, la sobrealimentación de los motores, la suspensión independiente y la transmisión automática, entre otros. Ese progreso tecnológico era acelerado tanto por las carreras deportivas como por los conflictos bélicos, que presionaban para reducir los tiempos de cada innovación.

Volvo introdujo en 1959 el cinturón de seguridad de tres puntos.Volvo introdujo en 1959 el cinturón de seguridad de tres puntos.

Donde también se avanzó con celeridad fue en la seguridad del automóvil, con empresas escandinavas a la vanguardia como Saab y Volvo que, por sus condiciones invernales casi permanentes, reforzaban las medidas de seguridad de sus autos de serie. Saab, por ejemplo, era la única marca a la cual no se le exigía una estructura tubular interior para correr en rally y Volvo, por su parte, introdujo el cinturón de seguridad de tres puntos en 1959, transformándose en un estándar de seguridad global.

Pero fue sin dudas Mercedes-Benz la que impulsó este campo como ninguna otra marca. Sus autos con carrocería de deformación programada desde 1951, la patente del airbag en el 71´o los frenos ABS de 1978 son sólo parte de su catálogo de invenciones en seguridad.

Mercedes Benz 1951, con carrocería con deformación programada.Mercedes Benz 1951, con carrocería con deformación programada.

Las crisis petroleras ocasionadas por la nacionalización por parte de Egipto del canal de Suez en 1956, junto al embargo petrolero de 1973 dispuesto por la Organización de Países Petroleros (OPEP) delinearon más de un automóvil, haciéndolos más eficientes.

Con la primera de estas crisis nació el Mini en 1959, concebido por Alec Issigonis y orientado a ser un ultra compacto popular. Este pequeño tuvo un notable éxito que se extiende al día de hoy e introdujo la configuración moderna del automóvil: un motor en posición transversal, con un rodado reducido, para un mayor aprovechamiento de los espacios.

Mini Cooper, lanzado en 1959.Mini Cooper, lanzado en 1959.

A partir de los años ‘70 la segunda crisis del petróleo y la contaminación ambiental fueron los rectores del diseño automotriz. La eficiencia energética y las emisiones contaminantes se convirtieron en preocupaciones centrales, impulsando la investigación y desarrollo de motores más limpios y eficientes.

Porsche 911 TurboPorsche 911 Turbo

Los ’80 fue la década del plástico, en el caso de los auto masivos, y de los super deportivos turboalimentados para aquellos con mayor poder adquisitivo. Si bien Porsche lanzó su 911 Turbo en el salón de Paris de 1974, la fiebre por insuflar aire a alta presión en los motores se cristalizó en la década del ‘80. Ferrari introdujo su 288 GTO con motor biturbo en 1984, el mismo año que Peugeot corrió con su 205 Turbo 16 en los Rallys. Aquella competencia traería otro avance tecnológico: la tracción integral, que ya se utilizaba en el mundo castrense y Audi la impone con su “Quattro” y un diferencial Torsen, en 1987.

Audi Quattro, con tracción integral.Audi Quattro, con tracción integral.

La llegada de la electrónica y la digitalización en los años ‘90 transformó el automóvil en una máquina inteligente. Masificando sistemas como ABS, el control de tracción y el airbag, posteriormente la navegación GPS y el entretenimiento a bordo pasaron a ser la norma. Durante esta década, la electrificación estaba presente en todos los salones del automóvil como una propuesta futura, mientras que Toyota lanzaba su Prius (1997), un híbrido con asistencia eléctrica que hoy representa el estándar de todas las marcas.

A principios del siglo XXI, el auto eléctrico, que vio sus primeros ejemplares en la primera mitad del siglo XIX, emergió como una solución a los problemas ambientales y de recursos fósiles. Empresas como Nissan lideraron la revolución con modelos como el Leaf y Tesla lo hacía con una coupé deportiva, demostrando que los vehículos eléctricos no sólo eran una realidad, sino una opción viable.

Toyota Prius, lanzado en 1997.Toyota Prius, lanzado en 1997.

Este futuro hoy se discute por varias razones, pero fundamentalmente por dos: la falta de aceptación por parte de la gente y los costos asociados a estas tecnologías, que llevaron a la ruina a decenas de empresas en el sector.

Mirando hacia el futuro, la movilidad promete ser aún más fascinante e innovadora que nunca. Los autónomos, que ya están en fase de pruebas, podrían cambiar radicalmente nuestra forma de desplazarnos, eliminando la necesidad de conductores y mejorando la seguridad vial.

La IA aplicada al diseño atraviesa completamente el modo en el cual se crea una automóvil, con herramientas gratuitas como Vizcom.ai, que nos permiten visualizar rápidamente una idea, acortando los tiempos de conceptualización y producción.

Tesla Coupé.Tesla Coupé.

La ingeniería de producto también goza de la IA mediante programas que generan estructuras inteligentes, optimizando pesos y los costos. Tanto en diseño como en ingeniería basta con redactar un prompt (instrucción) preciso y la inteligencia artificial generará una propuesta superadora a la de un departamento de cien técnicos en pocos minutos.

La conectividad entre vehículos y la infraestructura urbana permitirá una gestión más eficiente del tráfico y reducirá los tiempos de viaje. Además, la propulsión basada en energías renovables, como el hidrógeno, los combustibles sintéticos y la electricidad solar, podría hacer que los automóviles sean completamente sostenibles.

En esa carrera tecnológica también están los drones: ya existen en algunas ciudades transportando productos, pero antes de 2030 pasarán a ser personas las que utilicen este medio.

Lo único que limita su uso es la legislación actual, que no contempla el tráfico aéreo masivo, que es celosamente regulado por las entidades aeronáuticas. Por lo tanto, se deberían generar rutas predeterminadas que no interfieran con los aviones. Y en esas limitantes se encuentran también las aseguradoras, que difícilmente ofrezcan sus servicios hasta tanto se legisle su libre tránsito.

El caso de los drones es un reflejo de cómo la tecnología en todos los campos va siempre más rápido que el marco regulatorio y este es el desafío más grande que tienen los gobiernos, ya que en los próximos 10 años la humanidad dará más pasos de evolución tecnológica que lo que lleva de existencia.

En conclusión, el viaje del automóvil desde su patentamiento en 1886 hasta hoy ha sido de constante innovación y transformación. El futuro de la movilidad está ligado a la eficiencia, a la seguridad y a la integración de la inteligencia artificial como parte fundamental de la experiencia de transportarse. Y tenemos que prepararnos para ver de aquí a 2035 más avances que en toda la historia del automóvil.



Fuente Clarin.com

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