Ya estamos en mayo y en unos días tendremos las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires. En el mes también del fallecimiento del papa Francisco y la elección de su sucesor León XIV es bueno recordar lo que significa la Epifanía; es un acontecimiento religioso y para muchas culturas las epifanías corresponden a las revelaciones o apariciones en donde los profetas, chamanes, médicos, brujos u oráculos interpretaban visiones más allá de este mundo.

Para los católicos la fiesta de la Epifanía se celebra con la llegada de los Reyes Magos y en donde Jesús se “da a conocer”. Por lo tanto, vivimos un tiempo de una nueva Epifanía electoral en donde, seguramente, habrá más de una revelación y más de una aparición. Todos los “reyes magos” saldrán a prometer oro, incienso y mirra y mi pregunta es: ¿qué tenemos que hacer con esas promesas, cuando bien sabemos que nos hemos quedado sin respuestas fáciles para superar la crisis que padecemos? ¿Acaso existen soluciones fáciles?

El problema es precisamente ese, creer que existe una manera cómoda de superar los problemas porque las respuestas fáciles nunca debieron haber existido.

Debemos asumir que no podremos combatir nuestro atraso con éxito, sin enfrentar sin temor, las preguntas difíciles y empezar a tener respuestas concretas, aún si estas resulten dolorosas.

¿Acaso es fácil aceptar que, mientras no produzcamos bienes y servicios mejor que nuestros competidores globales, tendremos que recibir menos ingresos?

¿Acaso es fácil asumir el costo político de realizar reformas económicas e institucionales profundas que afectan grandes intereses que no van a ceder pacíficamente?

¿Acaso es fácil lograr consensos entre los distintos poderes y órdenes de gobierno para establecer una política competitiva? ¿Acaso es fácil desenmascarar el chantaje de pseudo-líderes sociales que se envuelven en la bandera de la marginación y transformación para seguir manipulando a la pobre gente que supuestamente representan?

¿Acaso es fácil decirle al pueblo que, si no dejan de pensar en repartir lo que no existe, y se ponen a crear cosas valiosas con su propia iniciativa, jamás van a salir de su pobreza? Por supuesto que no es fácil, pero hay qué hacerlo y no de cualquier modo, sino con valentía y decisión.

La búsqueda de respuestas fáciles ha sido nuestra propia perdición. El chabacano experimento de salir por la puerta fácil ha demostrado que no sirve para nada. Lo grave es que cuando no se cumplen las promesas, buscamos al siguiente que nos pueda prometer alguna otra salida fácil.

De hecho, no sabemos valorar a quienes nos enfrentan a nuestra dolorosa realidad. Odiamos a quienes nos informan que no se va a poder crecer sin una buena dosis de esfuerzo adicional y, más importante aún, sin un cambio radical en nuestra manera de entender la inclusión económica.

Las respuestas reales son difíciles, pero eso no significa que no podamos generarlas. La capacidad tradicional de aguantar abusos, miseria y dolor debería canalizarse hacia soportar el esfuerzo de aprender a ser mejores, de ser más honestos y responsables. No es fácil; es cierto, pero de las respuestas fáciles, a estas alturas, ya debimos haberlas aprendido lo suficiente como para no quererlas.

El recordado Raúl Baglini, en su Teorema de Baglini señala “Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven. Cuanto más se acerca un político al poder más se aleja del cumplimiento de sus promesas de campaña

Ojalá que los que serán elegidos en los próximos meses encuentren esa luz celestial para enfrentar con realidad y patriotismo el cumplimiento de sus obligaciones, ya que de lo contrario cargarán con la propia cruz de su martirio.

Gustavo Ferrari Wolfenson es consultor político



Fuente Clarin.com

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