
Se ha escrito mucho sobre la enfermedad y muerte de las democracias, pero menos sobre la dinámica y el fin de los regímenes autoritarios que las suceden. Pero como dice el refrán, no hay mal que dure cien años.
Los casos históricos sugieren la siguiente tipología:
Golpe de Estado: Un sector del propio régimen, generalmente militar, derroca al dictador. En el caso norteamericano es por ahora de baja probabilidad.
Presión social y huelgas: Movilizaciones masivas, huelgas generales y acciones estratégicas que afectan los intereses económicos del régimen pueden debilitarlo.
Plebiscitos y elecciones: En algunos casos, la presión interna y externa obliga a los gobernantes autoritarios a convocar plebiscitos o elecciones, que pierden. En los EEUU todavía hay posibilidades de una derrota electoral del régimen de Trump.
Muerte o vejez del dictador: A veces, la dictadura termina con la muerte del líder, lo que abre la puerta a una transición. En el caso del señor Trump la biología tendrá la última palabra.
División interna y pérdida de apoyo: Las luchas internas entre las élites del régimen pueden precipitar el fin de la dictadura. La oligarquía norteamericana no es una elite compacta. Se divide entre el sector de las grandes corporaciones productivas de bienes físicos, interesadas en la estabilidad de largo plazo para realizar ganancias, y las nuevas plataformas de comunicación y redes, cuya actividad básica es establecer monopolios de datos capturados en las redes para cobrar peaje. Un preaviso de fin de régimen es el retiro de apoyo de sectores conservadores con poder y prestigio.
Intervención extranjera: La presión internacional contribuye a la caída del régimen. La considerable presión económico-militar de China será un factor importante en los años que se avecinan. La presión de otros bloques, como el europeo, tendrá menor peso.
Revolución popular: Cuando la oposición logra unificar fuerzas y movilizar a la población, puede producirse una revolución. Es muy improbable que esto ocurra en los Estados Unidos. La población es profundamente reaccionaria.
Derrota en una guerra: es el caso de la junta militar griega después del fracaso en Chipre (1974), y de la dictadura argentina después de la guerra de las Malvinas (1982). En el siglo 19, el caso principal es la caída de Napoleón III después de su derrota en Sedan (1870). La Segunda Guerra Mundial es la versión más catastrófica con la derrota militar de las potencias fascistas. Dados los antecedentes de guerras inconclusas o perdidas por los EEUU en el apogeo de su poder (desde la guerra de Corea en adelante) puede que esto se vuelva un factor decisivo en las guerras del futuro y ya en pleno declino en un mundo multipolar. Las guerras de Ucrania y Medio Oriente son guerras perdidas o estancadas y factores de distracción estratégica que juegan a beneficio de China.
Los factores determinantes del éxito o fracaso de la caída de una dictadura o un régimen autoritario sui generis como el que está cuajando en los EEUU son los siguientes:
Debilitamiento de los pilares económicos del régimen: Una crisis en las fuentes de financiamiento y apoyo económico del régimen suele ser más efectiva que otras resistencias. En EEUU puede suceder con la caída sostenida y severa de sus bonos del Tesoro si sigue el caos tarifario u otras políticas destructivas que minen el “privilegio exorbitante” del dólar.
Unidad y organización de la oposición: La coordinación estratégica es clave para aprovechar las debilidades del régimen autoritario. Si no, en casos como el de Trump en los EEUU y de Milei en Argentina, la fragmentación de la oposición contribuye a su mantenimiento en el poder.
El papel de los militares: La dictadura depende de la lealtad de las fuerzas armadas; si éstas dejan de apoyar al régimen, la caída es inminente. La purga intempestiva de los mandos militares puede minar la lealtad de las FFAA.
Transición planificada: Es fundamental tener un plan para la transición democrática, ya que el vacío de poder puede ser aprovechado por fuerzas no democráticas aun después de una dictadura.
En resumen, las dictaduras y los regímenes autoritarios en general suelen terminar por una combinación de presión social, pérdida de apoyo militar, crisis internas, acciones estratégicas que afectan sus intereses económicos y en ocasiones por la muerte del dictador o intervención internacional. La restauración de la democracia requiere una transición bien planificada para evitar retrocesos.
Algo muy importante está sucediendo, pero el juego recién ha empezado. El personalismo del señor Trump, como la superioridad de Humpty Dumpty, puede terminar en el suelo. Aunque su desgobierno dure poco, el daño ya está hecho. No es claro que lo que venga después sea mejor. Sin embargo, no todo está perdido.