
Nuestro bienestar es clave para poder afrontar el día a día con relativa normalidad. En una sociedad cada vez más revolucionada en múltiples ámbitos, tanto el cuerpo como la mente deben estar preparados ante los distintos rompecabezas de la jornada.
Sin embargo, la mente es un elemento que se tiene poco en cuenta. Tan pronto como nos despistamos, podemos encontrarnos sintiendo dolor, agotamiento, pulsaciones, ansiedad, nervios y muchas más afectaciones.
Sobre esta cuestión, una de las figuras más conocidas por sus declaraciones es Mario Alonso Puig, doctor y fellow en cirugía por la Harvard University Medical School. El madrileño comparte sus conocimientos en entrevistas, conferencias y redes sociales, donde cuenta con millones de seguidores.
Una de sus últimas reflexiones se centra en el vínculo entre el estado mental y el de nuestro sistema digestivo.
“Por eso hay personas que simplemente cambiando su nutrición de una dieta proinflamatoria, es decir, que favorecen la inflamación, a una dieta que reduce la inflamación, han mejorado cuadros de ansiedad, depresión, mucho más que con el uso de ansiolíticos y antidepresivos.
Entonces, las mejores dietas son aquellas que tienen en cuenta la microbiota”, describió.
“La microbiota es el ecosistema de microorganismos que viven la luz del aparato digestivo. Esta microbiota está tan en contacto con el tubo digestivo que está afectando directamente a la permeabilidad.
Por ejemplo, hay una bacteria con un nombre tremendo, akkermansia muciniphila, que es la que favorece fundamentalmente la formación de moco en el tubo digestivo. Este moco es absolutamente fundamental en la permeabilidad del tubo digestivo”, explicó.
Recientemente, Alonso Puig reflexionó sobre el amor propio: “¿Por qué no nos queremos? Y la respuesta es la siguiente: no nos queremos porque no nos conocemos. Si nos conociéramos sería imposible no querernos.
Es decir ‘no, no, yo sí me conozco, vamos, me conozco tanto que llevo sesenta años conmigo mismo’. Una cosa es conocerse y otra cosa es juzgarse. Los seres humanos somos muy buenos juzgándonos y muy torpes conociéndonos. ¿A qué me refiero?”.
“A nosotros, nos encanta una parte nuestra que es la que lucimos ante los demás, y escondemos aquello que entendemos que si los demás lo vieran no nos querrían. Y el problema no es que los demás no nos quieren si mostramos eso, es que nosotros tampoco nos queremos y reconocemos eso.
Entonces, la única manera, etiológicamente hablando y yendo al origen, de querernos de verdad, es querernos sin condiciones. No por cómo somos, sino por quiénes somos”, añadió.