La jueza arranca el auto mientras una cámara la toma desde atrás, perfil derecho. Conduce unos segundos hasta que suena una alarma de advertencia. Julieta Makintach, sorprendida, oye el pitido del tablero y recién entonces se pone el cinturón de seguridad.

Está distraída. Va concentrada en su papel de actriz de un documental que protagoniza: Justicia Divina. ¿Divino Diego? ¿Divina ella?

-¿Cómo era la pregunta?, le dice a quien la acompaña, fuera de cámara.

-Qué es lo que vos buscás con la acción social que hacés en tu papel de jueza…

-La gente te entrega los problemas para que vos se los resuelvas… sos un servidor social-, responde.

Se pasa los dedos entre el pelo. Mira a los lados con gafas oscuras. Es la chica de un descapotable en Ocean Drive, llegando con camarógrafo y productora a los tribunales de San Isidro.

La jueza del caso Maradona se sintió Maradona.

En algún remotísimo sentido, lo fue: se estrelló contra sí misma.

El tráiler del documental dura un minuto y cincuenta segundos: hay 47 segundos de imágenes de la jueza y 33 de Maradona.

Todo había transcurrido más o menos en secreto hasta que un día, ella -jueza subrogante, de otro tribunal- apareció sentada en el centro del estrado de los jueces, conduciendo por primera vez un debate que llevaba dos meses.

El juez Savarino dijo que había resuelto dejar la presidencia en manos de la otra jueza -Verónica Di Tommaso-, pero que el debate lo conduciría Makintach.

No hubo razones verosímiles sobre la extraña pirueta del súbito cambio de roles.

Luego supimos que la jueza tenía que mostrarse en un papel más protagónico en el documental que se filmaba clandestino.

Pero, ¿por qué los otros jueces se prestaron? ¿Con qué argumentos los convenció Makintach para que le cedieran el centro de la escena así, de un día para el otro?

Difícil creer que los colegas de Makintach no sospecharan, ni un poquito, lo que estaba pasando.

No participar no significa necesariamente ignorar.

En una de las imágenes sin editar se ve a Savarino y Di Tommaso siguiendo a su colega Makintach, quien es seguida por el camarógrafo que graba el documental.

¿No lo ven? Nadie dice nada. Su suerte parece sellada, igual que la de la jueza del escándalo.

En el guión que secuestró la justicia en los allanamientos del caso estaba escrito que a Maradona lo mataron.

¿El veredicto real cambiaría el guión o el guión anticipaba el veredicto?

Ahora hay entre las partes -acusadores y acusados- un consenso para nombrar a otros jueces y empezar de nuevo.

Los une el espanto judicial. ¿Y qué más?

Los defensores ganan tiempo para revisar estrategias y mantener a sus representados libres y con la presunción de inocencia intacta hasta que otro juicio demuestre lo contrario, si es que lo demuestra.

Los querellantes buscan solvencia en un tribunal que no se desmorone ante la primera apelación por actitudes extrañas al momento de dictar sentencia.

Pero también parecieron entrever cierta inquina de la jueza Makintach contra la imputada Cosachov, luego de que ésta señalara la responsabilidad de la prepaga de Maradona en su internación domiciliaria. Otra de las imputadas es Nancy Forlini, coordinadora de Swiss Medical.

El día de ese interrogatorio es recordado por los cronistas que siguen el juicio porque, por única vez, los tres jueces fueron vestidos completamente de negro.

Si la jueza va a “defender” a la prepaga -a la que podría seguir un juicio civil si su coordinadora resultara condenada en este proceso penal-, mejor empezar todo otra vez, sería el razonamiento de la querella.

La demanda civil va “atada” al juicio penal. Una hipotética condena a la coordinadora de la prepaga abre la puerta para ir contra Swiss Medical. Una absolución, la cierra.

Ya trascendió en los pasillos judiciales de San Isidro que habrá un pedido de 14 millones de dólares como resarcimiento en un hipotético juicio civil.

Nunca nada fue desmesurado en el mundo Maradona.



Fuente Clarin.com

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