
Un grupo de arqueólogos descubrió cientos de huesos humanos fragmentados con signos de lesiones en una cueva en Guatemala, bautizada como “Cueva de Sangre”.
Los investigadores creen que se trata de víctimas que fueron sacrificadas durante la estación seca para apaciguar al dios maya de la lluvia, según recoge Live Science.
“El patrón emergente que observamos es que hay partes del cuerpo y no cuerpos”, explicó a Live Science Michele Bleuze, bioarqueóloga de la Universidad estatal de California en Los Ángeles.
“En los rituales mayas, las partes del cuerpo son tan valiosas como el cuerpo entero”, añadió.
Más de una docena de cuevas fueron utilizadas por los mayas entre el 400 a.C y el 250 d.C, según reveló un estudio bajo el yacimiento arqueológico de Dos Pilas en Petén (Guatemala) a principios de los años 90.
Una de ellas, llamada “Cueva de Sangre”, contenía numerosos huesos humanos esparcidos por el suelo, muchos de los cuales con evidencias de lesiones traumáticas en el momento de la muerte.