Durante una reciente lluvia de estrellas, un objeto celeste atravesó la atmósfera terrestre con una potencia inusual. La explosión de luz y sonido no solo se vio, sino que se sintió: vecinos de distintas localidades de México reportaron vibraciones en los vidrios, alarmas activadas y un estruendo que los hizo salir a la calle en plena madrugada.

El objeto estelar, lejos de pasar desapercibido, fue captado por múltiples cámaras de seguridad y celulares, generando un revuelo inmediato en redes sociales. Lo que muchos pensaron que era un meteorito, en realidad se trató de algo aún más impactante: un bólido que ingresó a gran velocidad desde el espacio y explotó antes de llegar al suelo.

Gracias a la colaboración entre plataformas de monitoreo y registros ciudadanos, un equipo de investigadores logró reconstruir el camino que recorrió el bólido en el cielo. Las imágenes obtenidas por la red Webcam de México fueron clave para determinar que el objeto cruzó desde la ciudad de Pachuca, en el estado de Hidalgo, hasta los alrededores de la Ciudad de México.

Si bien aún no se definió el punto exacto de impacto, especialistas estiman que la trayectoria fue de sur a norte y que el estallido ocurrió entre los 20 y 40 kilómetros de altitud.

“El objeto se fragmentó en la atmósfera. Lo que vimos fue el destello del rompimiento”, detalló Guadalupe Cordero-Tercero, investigadora del Instituto de Geofísica de la UNAM.

El ingreso de este tipo de objetos a la atmósfera genera temperaturas extremadamente altas por la fricción con el aire. En este caso, el cuerpo celeste alcanzó una velocidad tal que el calor acumulado provocó su estallido. Esa explosión generó un potente destello de luz y una onda de choque que, minutos después, fue percibida en tierra firme en forma de vibración.

El movimiento activó alarmas y provocó inquietud en diversas delegaciones, ya que el estruendo fue lo suficientemente fuerte como para sentirse a kilómetros de distancia. Las estimaciones indican que el estallido se produjo a una altura de entre 20 y 40 kilómetros.

Aunque muchos puedan pensar que se trata de un evento raro, este tipo de fenómenos ocurre con más frecuencia de lo que se cree. La mayoría de los bólidos termina cayendo en el océano o en regiones despobladas, lo que impide que sean reportados.

En México ya hubo antecedentes similares, como el ocurrido en Hidalgo en 2010, o un caso más reciente en Michoacán, donde se trató de restos de basura espacial. Lo interesante es que, en todos estos casos, la clave para identificarlos fue una combinación entre ciencia, redes de monitoreo y participación ciudadana.

Actualmente, los investigadores trabajan en el desarrollo de una plataforma abierta que permitirá a cualquier persona reportar avistamientos de este tipo, lo que facilitará la recopilación de datos y el análisis de futuros eventos astronómicos.



Fuente Clarin.com

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