
El romero (Rosmarinus officinalis) es una de las plantas aromáticas más populares en los jardines argentinos. No solo embellece los espacios con su follaje perenne y sus pequeñas flores violetas o blancas, también es un ingrediente clave en la cocina mediterránea. Si bien esta planta es de fácil mantenimiento y no requiere cuidados excesivos, la poda es una práctica clave para mantenerla sana y vigorosa.
Pese a que no es imprescindible, la poda del romero en tu jardín permite moldear su crecimiento y prolongar su longevidad. Sin embargo, hay que saber cuándo y cómo hacerlo para evitar dañar la planta. Según los especialistas, el momento ideal para podarlo es al comienzo de la primavera, cuando las temperaturas comienzan a subir y antes de que lleguen las primeras olas de calor intenso.
Esta poda se realiza cuando la planta es joven y se busca darle una forma específica, según un artículo de Ecología Verde. No es necesario ser drástico, pero sí se recomienda cortar las ramas demasiado largas y retirar las partes marchitas. Esto ayuda a que el arbusto crezca con una estructura fuerte y equilibrada. Se puede hacer anualmente o cada dos años, según el tamaño deseado.
Cuando el romero envejece y pierde vigor, es recomendable hacer una poda de limpieza. Este proceso consiste en retirar las ramas secas o deterioradas, lo que permite estimular el crecimiento de nuevos brotes. Es una poda más drástica que debe realizarse con precaución, ya que un corte excesivo podría afectar la vitalidad de la planta.