En el corazón de la Patagonia, donde los vientos son intensos y el frío se hace sentir, crece una planta que parece sacada de un cuento: la Mutisia, también conocida como “la flor de los Andes“. Esta trepadora nativa sorprende con sus flores vibrantes y su capacidad de desafiar las temperaturas bajas, convirtiéndose en una aliada ideal para darle vida a los jardines durante el invierno.

Aunque no es tan conocida fuera del sur argentino, quienes la descubren quedan fascinados por su rusticidad y belleza. La Mutisia florece entre el verano y el otoño, justo cuando la mayoría de las plantas pierden color. Sus flores anaranjadas o rosadas, en forma de estrella, le dan un aire silvestre y elegante a cualquier espacio verde.

La Mutisia no sólo es linda: también es fuerte. Tolera las heladas sin problemas y se adapta con facilidad a suelos pobres, rocosos o de montaña. Esto la vuelve una opción ideal para quienes viven en zonas frías o con inviernos largos. Además, es una planta perenne, lo que significa que se mantiene verde todo el año.

Hay diferentes variedades, como la Mutisia naranja y la Mutisia reina, esta última con flores de hasta 8 cm de diámetro, en tonos rosados y amarillos. Ambas son capaces de trepar hasta lo alto de los arbustos o cubrir cercos, pérgolas y paredes, aportando color, textura y movimiento al jardín.

La mutisia es una trepadora que necesita algo para apoyarse: un cerco, una reja, un tronco seco o incluso una roca. Prefiere el sol directo o la media sombra, según la intensidad del clima, y crece mejor en suelos bien drenados. Lo ideal es plantarla en primavera u otoño, y regarla con moderación, dejando que la tierra se seque entre riegos.

No requiere fertilizantes exigentes, pero un poco de compost al comenzar la temporada le viene bien. También conviene podarla a fines del invierno para mantenerla saludable y controlar su forma.

La Mutisia no solo embellece: también tiene un fuerte valor simbólico. Su nombre rinde homenaje al botánico español José Celestino Mutis, pero también está presente en la cosmovisión mapuche, donde se la asocia con la resistencia y la conexión con la tierra.

Incluir esta especie en tu jardín es más que una decisión estética: es un gesto de respeto por nuestra flora nativa y una manera de reconectar con las raíces del sur argentino.

Aunque todavía no es tan común en los viveros urbanos, cada vez más jardineros la recomiendan y la buscan. También se cultiva en Europa y Estados Unidos por su potencial ornamental.

En la Argentina, se encuentra sobre todo en zonas de bosque y estepa patagónica, desde Neuquén hasta Santa Cruz. Se multiplica fácilmente por gajos, así que si tenés la suerte de conocer a alguien que tenga una, pedile un esqueje: es la planta perfecta para revivir tu jardín este invierno.



Fuente Clarin.com

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