
Los expertos coinciden en que el petróleo se habrá agotado dentro de unas cuatro décadas. Por eso, desde hace años, los países han incorporado fuentes de energía alternativas, y renovables, como la solar, la eólica, la hidroeléctrica o la nuclear.
Producir energía gracias al sol o al viento es una parte de la solución, porque el petróleo resulta fundamental para fabricar miles de productos de uso cotidiano.
Las reservas de otro combustible, el carbón, tendrían una duración mucho más extensa que la del crudo. Los expertos aseguran que, de mantenerse la demanda actual, hay carbón para unos dos siglos.
De esta manera, la conversión de carbón en combustibles líquidos (CTL), desarrollada en el siglo XX, en Alemania, está cobrando relevancia como otra alternativa al crudo.
Un informe del BBVA dice que “el carbón se origina a lo largo de varios millones de años por el depósito en la tierra de materia vegetal, que, de manera paulatina, se compacta y se calienta”.
Agrega: “En las últimas tres décadas, su uso, en especial en los países desarrollados, ha caído, en favor del petróleo o del gas natural, aunque aun así, desde mediados del siglo XX hasta hoy, su consumo mundial se ha duplicado con China e India a la cabeza”.
Existen varios métodos para obtener petróleo a partir del carbón. Uno de ellos es la licuefacción indirecta (proceso Fischer-Tropsch), el más extendido, que consta de dos etapas.
La primera etapa es la gasificación mediante la cual el carbón se convierte en gas de síntesis (mezcla de monóxido de carbono e hidrógeno) a altas temperaturas (1.400-1.500 °C). Luego, el gas se transforma en hidrocarburos líquidos mediante catalizadores de hierro o cobalto.
El otro método es la licuefacción directa (proceso Pott-Broche) en la cual el carbón se disuelve a alta presión (200 bar) y temperatura (450 °C) y luego es sometido de hidrogenación con catalizadores de níquel y molibdeno. El resultado: un crudo sintético que requiere refinamiento adicional.
El problema con la producción de combustibles sintéticos es que genera hasta un 30% más de CO₂ que el uso directo de petróleo, debido a las emisiones en la gasificación y síntesis. Además, los métodos tradicionales consumen grandes cantidades de agua y energía.
Avances recientes buscan mitigar estos problemas. Por ejemplo, el uso de catalizadores de carburo de hierro épsilon. Desarrollados en 2018, reducen la generación de CO₂ en el reactor Fischer-Tropsch y abaratan los costos operativos en un 25%.
También se destaca el proceso híbrido de SRI International, que combina carbón y gas natural, y elimina la necesidad de incluir oxígeno en la gasificación, lo que reduce el consumo de agua en un 70%. Este método, aún en fase experimental, promete eliminar la huella de carbono del CTL.
Países con grandes reservas de carbón, como China y Estados Unidos, ven en el CTL una forma de reducir su dependencia del petróleo. Sin embargo, la viabilidad económica sigue siendo un obstáculo porque una planta capaz de producir 100.000 barriles diarios requiere inversiones de US$ 3.200 millones.
Los mayores productores de petróleo a partir del carbón son principalmente China y, en menor medida, Sudáfrica. China lidera la producción mundial de combustibles líquidos derivados del carbón, con varias plantas industriales en funcionamiento.
Sudáfrica también es reconocida, en especial por la empresa Sasol, que opera desde mediados del siglo XX. Otros países, como Estados Unidos, han desarrollado tecnología en este campo, pero con menor producción.