
Desde que el humano es humano se busca desentrañar los misterios que se esconden en los sueños, esos relatos oníricos, a menudo fugaces y extraños, que ya se sabe que no son simples fantasías. Según la psicología moderna, tienen un lado oculto: qué revela el inconsciente.
Se sabe que los sueños actúan como una ventana directa a nuestro inconsciente, revelando aspectos de nuestra psiquis que desconocemos durante el estado de vigilia. Uno de los pioneros en la exploración de este terreno, y de lo más conocido al respecto, fue Sigmund Freud. El creador del psicoanálisis planteaba como una de las funciones del sueño la de la simple realización de deseos.
En su obra “La interpretación de los sueños” (1899), argumentó que el contenido manifiesto del sueño (lo que recordamos) esconde un contenido latente, el verdadero significado, que puede ser descubierto a través del análisis de símbolos y asociaciones.
Otro estudioso de los sueños fue Carl Jung, discípulo del propio Freud, quien indicó que los sueños son manifestaciones espontáneas del inconsciente, no meras fantasías o deseos reprimidos. Este veía a los sueños como un intento del inconsciente por comunicar mensajes importantes a la persona.
Más allá de que los grandes filósofos y pensadores de la historia de la humanidad se dedicaran a este tema, ya en la Biblia se hablaba de los sueños como premoniciones. Es que en un mundo donde el ser humano se jacta de ser quien domina las especies, quien tiene el saber absoluto; el sistema psíquico pone en jaque la omnipotencia del hombre.
El psicólogo especialista en familias y adolescencia Alejandro Schujman escribió para Clarín que los sueños nos dicen respecto de nuestro sentir, nuestro desear, de nuestros miedos, y fantasías más recónditas.
Son la gran caja negra del ser humano. Se puede tratar de entender qué dicen los sueños, pero hay un mundo desconocido dentro del ser, un universo tan complejo como maravilloso. “No se trata de la interpretación lineal de los sueños, cada sueño es en el contexto de un soñante”, explicó el experto.
“Viajando en taxi, en reunión de amigos, más de una vez quienes se dan por enterados de nuestra profesión nos dicen: ¿Sabés que soñé con murciélagos que me perseguían? ¿Qué querrá decir? La respuesta, depende… De la historia de quien la sueña, del momento particular de su vida. Un sueño tiene sentido dentro del contexto de la vida de quien lo gesta, y en el marco de un proceso analítico podrá ser develado”, asegura Schujman.
No hay tales equivalencias que conforman esa especie de “diccionario de los sueños” en donde a cada cosa soñada corresponde a un significado preciso y particular.
En coincidencia, Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología en Adultos de Fleni y doctora en Psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada, explicó en Infobae. “Durante el sueño, se desactiva la corteza frontal dorsolateral, permitiendo que nuestras funciones cerebrales florezcan sin ser interrumpidas por la lógica”, detalló.
Además, definió a los sueños como un “producto de las experiencias diarias y las emociones almacenadas en el cerebro”. A menudo, soñamos con momentos del día anterior. Sin embargo, este contenido diurno solo representa un 2% del total, y el resto es una mezcla de recuerdos y emociones almacenadas en nuestro cerebro.
Otro ítem importante a señalar es que se sueña cada vez que se duerme. La gente suele afirmar que no soñó, pero el punto es que los sueños se olvidan no bien se entra en contacto con la realidad, cuando se pasa del sueño a la vigilia.