A Maxi Chercover la música lo acompaña desde siempre, aunque haya tardado en darse cuenta de que ese iba a ser su camino. Uno de los primeros recuerdos importantes que tiene con la música son los vinilos de Los Beatles girando en la casa de sus viejos.

De ahí en adelante, todo fue decantando. En la adolescencia, cuando no se sentía cómodo con ninguna carrera, comprendió que lo único que de verdad quería era tocar. “No me hallaba y lo que realmente me gustaba era tocar y hacer música”, cuenta.

El bajo apareció casi por azar. Estaba en una banda punk con amigos y, un día, mientras tocaban notas graves sin saber muy bien qué hacían, apareció un bajo. Ni siquiera sabía lo que era, pero se animó a incursionar y lo eligió. Desde entonces, ese instrumento sin brillo aparente pero esencial se volvió su forma de estar en la música. “El bajo no es notorio, pero tiene una nobleza, un trabajo realmente importante. Cuando sacás el bajo las canciones suenan a nada. Tiene esa nobleza de ser muy importante sin ser notorio. Es como un arquero del equipo: todos quieren ser Messi, pero cuando el rival llega al área, necesitás un tipo que pare la pelota”, afirma.

Hoy, Maxi es bajista, compositor, productor, docente y sesionista. Tiene su propio estudio en Morón, aunque su trabajo trasciende cualquier límite geográfico, graba para músicos de Tucumán, Chaco, Colombia o Nueva York que le mandan canciones para que él haga la magia. Esa versatilidad se refleja también en su rutina diaria, da clases, produce y se mueve con soltura en las redes. “Hoy un músico tiene que saber tocar, producir, usar las redes, somos un poco músicos y community manager al mismo tiempo”.

Castelar sigue siendo para Maxi su centro de pertenencia. Era el lugar por donde pasaba todo lo interesante, la movida a la que iba con sus amigos. Pero no solo fue un lugar de encuentro, también fue el escenario donde nació Acha Trío, una de las bandas más significativas en su recorrido, que fusiona folclore argentino, improvisación jazzera y sonidos del rock. La integró junto a Lucas Avellina (voz y batería) y Gregorio Alzaibar (voz y guitarra), músico clave en su formación artística y personal. La muerte de Gregorio dejó una huella profunda en Maxi. “Fue un gran maestro para mí en la música y en la vida, y un músico importantísimo de Castelar”, afirma.

Aunque reconoce que ya no frecuenta tanto la noche local como antes, Maxi sigue atento a lo que pasa en los escenarios del oeste. “En una época yo sabía que cualquier jueves había una banda tocando en cualquier bar de la zona”, recuerda. Hoy, sigue con interés la actividad en espacios como Whisky Bar, La Cucha y Pompeya. También destaca a nuevas bandas del barrio que vienen empujando fuerte, como Complejo de Electra, de Castelar, y Polen, que participa activamente de la movida actual.

Su recorrido como sesionista lo llevó a trabajar con músicos como León Gieco, Celeste Carballo y Raúl Porchetto. Aprendió mucho con horas de bajos y discos, la suma de todo eso lo termina constituyendo en lo que es hoy. Desde 2017, además, da workshops para bajistas, actividad que lo acercó a marcas de instrumentos que lo convocan para testear productos. En sus redes comparte esos materiales con una mirada técnica y didáctica. Enseñar le apasiona, sus alumnos siempre traen información fresca y curiosidad, por eso considera que sus mejores maestros son ellos.

Maxi no cree en recetas para hacer carrera, pero sí en valores que, para él, siguen vigentes. A los músicos que están empezando les insiste en la importancia de tocar con otros, de vivir la música como un acto compartido. “Que disfruten de tocar con amigos y no solos con pistas. Compartir la música como algo social y no individual, y que cobren por lo que hacen, el talento tiene un valor”, afirma.

Después de años de producción intensa, llegó a grabar tres discos por semana, hoy su mayor deseo es volver a tocar en vivo con otros músicos, en la misma sala, sin pantallas ni ediciones. Le entusiasma la idea de tocar en directo con un baterista y un guitarrista, recuperando esa cercanía y energía propias del encuentro musical y de la movida de antes.



Fuente Clarin.com

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