Los casos reales de investigaciones de personas desaparecidas, que continúan sin resolverse, generan estupor, intriga, impotencia y asombro. La desaparición de Amy Bradley es uno de los misterios que mantiene en vilo a una familia de Virginia, Estados Unidos, que lleva adelante una incansable lucha por encontrarla, y Netflix relata la historia en un documental que está próximo a estrenarse.

Amy Bradley, una joven de 23 años, se había graduado recientemente de la universidad como profesora de Educación Física, quería estudiar un máster en psicología deportiva, y había alquilado un departamento a donde mudarse sola cuando volviera de unas paradisíacas vacaciones en un crucero en el Caribe junto a sus padres y su hermano.

La familia Bradley en el crucero donde Amy desapareció. (Foto: Captura YouTube @Netflix)La familia Bradley en el crucero donde Amy desapareció. (Foto: Captura YouTube @Netflix)

También había adoptado una perra, que iba a ser su fiel compañera en su flamante hogar de soltera, y había quedado en ir a buscarla al refugio el lunes siguiente cuando regresara a Estados Unidos.

Todos esos planes jamás se cumplieron, porque nunca regresó. Tras 27 años de búsqueda incesante, con giros inesperados, sigue sin conocerse su paradero, y todos los detalles estarán reflejados en la docuserie de Netflix, de tres episodios.

La impactante desaparición de Amy Bradley y las teorías de su paradero

Ni bien se publicó el trailer de Amy Bradley is Missing, superó las 150.000 reproducciones, y causó revuelo en la red social X. Aunque el estreno será el 16 de julio, donde se revelarán más datos, hay una gran cantidad de pistas que los padres de Amy, Iva y Ron, recopilaron y compartieron en la previa al lanzamiento.

La desgarradora cronología comienza con Ron Bradley, el padre de Amy, un ejecutivo de seguros que se puso contento cuando ganó un viaje al Caribe con todo incluido como bono extra en su trabajo, y creyó que era la oportunidad ideal para compartir tiempo con su esposa y sus dos hijos, que al ser mayores ya estaban a punto de mudarse.

El sábado 21 de marzo de 1998, la familia Bradley se embarcó en la supuesta aventura de siete días en el crucero Rhapsody of the Seas de Royal Caribbean International Cruise Line, junto a casi 3000 pasajeros.

El imponente navío de varios pisos zarpó de San Juan, Puerto Rico, rumbo a Curazao. Todos se hospedaban en el mismo camarote, y la madrugada del 24 de marzo de 1998 Amy y su hermano habían ido a la discoteca del barco, donde bailaron hasta cerca de las tres de la mañana y luego regresaron por separado con muy pocos minutos de diferencia a la habitación.

Esa noche, mientras el barco se encontraba entre esos dos destinos, Amy desapareció. A las 5.30 de la madrugada, antes de que amaneciera, su padre la vio dormida en una de las reposeras del balcón del camarote, y no quiso despertarla. Volvió a dormir, y media hora más tarde cuando fue a darle los buenos días ella ya no estaba.

El crucero al que subió la familia Bradley: llegaron los cuatro juntos y volvieron solo tres.El crucero al que subió la familia Bradley: llegaron los cuatro juntos y volvieron solo tres.

Se alarmó de inmediato, porque los zapatos de Amy estaban justo al lado de la reposera, no había dejado ninguna nota y era muy inusual que ella se fuera sin avisar. Más aún que anduviera deambulando descalza por el crucero, por lo que su presentimiento fue que algo malo había pasado, y despertó a su esposa y a su hijo.

La buscaron durante una hora y no hubo ningún indicio de su paradero. Avisaron al capitán, que emitió una alerta por el megáfono en todos los altavoces. “Le le rogamos al personal del barco que no bajara la pasarela, que no permitiera que nadie abandonara el barco, pero bajaron la pasarela de todos modos y hubo mucha gente que abandonó el barco en Curazao“, relató su madre en el avance de la docuserie.

El giro en la investigación sobre la desaparición de Amy Bradley, tras 27 años de búsqueda

Una de las teorías que se descartó muy rápido fue de que se haya caído de la borda, ya que al ser una nadadora experta y la ubicación geográfica del barco al momento de su desaparición, los investigadores determinaron que era muy poco probable.

Lo mismo ocurrió con la posibilidad de un intento de quitarse la vida, debido a la gran cantidad de testimonios y pruebas de los planes que tenía por delante.

La Guardia Costera de las Antillas Neerlandesas condujo una búsqueda de cuatro días que finalizó el 27 de marzo y la compañía de barcos en la que Amy desapareció continuó hasta el 29 de marzo. La familia, desesperada, se quedó en Curazao y siguió la pista de un taxista que les aseguró que había visto a su hija en la isla acompañada de varios hombres que la retenían por la fuerza.

Amy Bradley junto a su hermano Brad, vestidos de gala antes de ir a divertirse a la discoteca del crucero. (Foto: Captura YouTube @Netflix)Amy Bradley junto a su hermano Brad, vestidos de gala antes de ir a divertirse a la discoteca del crucero. (Foto: Captura YouTube @Netflix)

De a poco, empezó a resonar más y más la teoría de un secuestro. Los reportes de avistamientos -donde siempre aseguraron haberla visto junto a dos o tres hombres que la custodiaban-, se mantuvieron en el tiempo, con retratos hechos por el FBI, pero nunca hubo detenciones.

Seis meses después de la desaparición, dos turistas canadienses dijeron haber visto una mujer muy parecida a Amy en un playa en Curazao, y la familia cree en ese testimonio, porque describieron una información que no habían compartido: los cuatro tatuajes de la joven.

Y los datos fueron idénticos: Amy tenía tatuado un demonio de Tasmania en el hombro, un sol en su espalda, un símbolo chino en el tobillo derecho, y un lagarto gecko en el abdomen, que paradójicamente en la cultura maorí se considera un protector de las personas de los malos espíritus y las enfermedades.

El anuncio de búsqueda de Amy Bradley y la progresión de edad del FBI. (Foto: Netflix)El anuncio de búsqueda de Amy Bradley y la progresión de edad del FBI. (Foto: Netflix)

Los padres de la joven pasaron por todo. Lo peor fue cuando recibieron una foto anónima que mostraba el anuncio de una mujer físicamente muy parecida a Amy en una página de “turismo sexual” en un resort de República Dominicana que ofrecía un “servicio de vacaciones sexuales con todo incluido”, y la joven aparecía como invitada extranjera.

Devastados, los padres de Amy incluso contrataron un detective privado, al que le pagaron un total de 210.000 dólares para una misión de rescate de una red de trata de blancas. El supuesto investigador resultó ser un estafador y lo condenaron a cinco años de cárcel.

Se hicieron comparaciones biométricas, pero no se pudo comprobar que efectivamente sea ella. El FBI mantiene abierta esa línea de investigación, aún 27 años después de la desaparición.

“Es como morir miles de veces cada día. Necesitamos respuestas”, exige la madre de Amy en el avance del documental, donde dice entre lágrimas que su hija hoy debería tener 50 años. Aún guarda toda la esperanza de que la encuentren.





Fuente Clarin.com

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