
La confesión sobre el proceso de toma de decisiones del gobierno de Donald Trump finalmente salió a la luz.
La hizo esta semana el secretario del Tesoro, Scott Bessent, cuando defendió la actitud del presidente de Estados Unidos de anunciar, suspender y hasta dar marcha atrás con las tarifas en sus primeros 100 días de mandato.
Bessent bautizó el modo Trump como “estrategia de incertidumbre”.
Incluso fue más allá. “La certidumbre no es necesariamente algo positivo en la negociación”, aventuró a decir.
El TMAP de Trump (acrónimo de “Todo Marcha Acorde a lo Planeado” que utiliza el gobierno argentino para justificar que sus medidas económicas se ajustan a plan diseñado) se define como “un proceso de incertidumbre estratégica” y, según Bessent, los mercados se normalizarían a medida que EE.UU. comience a anunciar acuerdos comerciales.
“Creo que el margen de incertidumbre se irá reduciendo y, a medida que avancemos en el anuncio de acuerdos, habrá certidumbre”, cerró diciendo el secretario del Tesoro en una conferencia en la Casa Blanca.
Así, el economista, que en un primer instante reniega de la certeza como condición para celebrar negocios entre dos partes, realza más tarde su importancia a través de un giro inocente en su discurso y sin mencionar los traspiés que sufrió Trump que lo obligaron justamente a ceder en su estrategia.
Un diálogo entre dos personajes en el final de la película Apocalipsis now expresa esa instancia de la toma de decisiones que caracteriza las políticas del Gobierno de Trump:
Willard: “Me dijeron que se había vuelto usted completamente loco y que sus métodos eran poco sólidos”.
Kurtz: “¿Son poco sólidos mis métodos?”
Willard: “No veo método alguno, señor”.
Muchos que no son opositores a Trump no creen que su gobierno haya adoptado un método equivocado sino que en verdad no ven método alguno con estas marchas y contramarchas de la guerra de aranceles en abril.
El Gobierno argentino nunca lo dirá (públicamente) porque es aliado de Washington, pero está claro que el TMAP que guía a Javier Milei para volver a los mercados de capitales en 2026 no es la estrategia de incertidumbre: Milei necesita justamente eso que John Maynard Keynes decía que motorizaba el mundo del capitalismo y las finanzas que es la certidumbre en lugar de la incertidumbre.
Precisamente fue la incertidumbre que Trump transmitió en sus primeros 100 días de gobierno, y que ahora Bessent admite como parte de su estrategia negociadora, lo que hizo que Estados Unidos se volviera para los inversores menos confiable y su moneda se debilitara en vez de fortalecerse, como en un principio podía esperarse tras anunciar una suba de las tarifas a los productos importados.
En los últimos años los inversores del mundo reconocieron el ‘excepcionalismo estadounidense’, reflejándose ello en el crecimiento de la economía norteamericana, en los avances tecnológicos del Silicon Valley y la provisión de una oferta energética como ningún otro país produjo en relación precio-calidad.
En el debilitamiento del dólar en estas semanas no tuvo que ver una reversión de alguno de estos factores, ni tampoco una decisión de la Reserva Federal o algún hedge fund que activó un sell off de su cartera. Fueron las expectativas de inflación alimentadas por las medidas de Trump las que impactaron. Factores más políticos que económicos.
Paradójicamente, las cifras muestran que los grandes números de la macroeconomía no se ven aún alterados por la política de la Casa Blanca.
La caída leve del PBI de EE.UU. en el primer trimestre dice poco de las políticas de Trump sobre las tarifas, los recortes del gasto y las deportaciones de inmigrantes. Su contracción reflejó más bien un aumento de las importaciones como reacción de las empresas y consumidores a cubrirse de posibles aumentos en los bienes y servicios por las tarifas y por motivos climatológicos.
Lo mismo muestran las cifras de empleo del viernes: la generación de puestos de trabajo en abril fue menor que la de marzo, pero mayor que la esperada.
Los comerciantes tratan de no aumentar los precios y tampoco desprenderse de sus empleados esperando quizá que Trump, como dijo Bessent, finalmente ingrese en el final del túnel de su “proceso de incertidumbre” y dé marcha atrás. Como ya ha hecho. En definitiva, si los precios no se alteran tampoco debería verse afectado el gasto y el empleo.
En 2022 la entonces primera ministra del Reino Unido, Liz Truss, propuso una rebaja significativa de impuestos. Los precios de los bonos británicos se desplomaron de inmediato y Truss renunció.
El capitalismo es alérgico a la incertidumbre y por ahora las estadísticas macroeconómicas no muestran daño de Trump. Dependerá de si la estrategia de incertidumbre sigue o no y que se avance en acuerdos.