Hay tres motivos para sobrevivir más de diez años en la Fórmula 1. Uno, obvio, es ser un gran campeón. Otro, casi tan obvio como el primero, es tener una billetera generosa con auspiciantes aún más generosos que sostengan una carrera muchas veces insostenible. Hay un tercer motivo. Y es el más lógico, aunque no el más fuerte. Ser un muy buen piloto. Ahí es donde encuadra, no sin sobresaltos, idas y vueltas, Nico Hulkenberg, el alemán que se convirtió este fin de semana en el muchachito de la película -y también en el seguro protagonista de un capítulo de la próxima temporada de Drive to Survive– al cabo de un dramático Gran Premio de Gran Bretaña.
Es que el hombre de Sauber y vecino del glamoroso Principado de Mónaco, con 14 temporadas, siete escuderías y 239 carreras largadas sobre el lomo, se dio el gustazo de subir por primera vez a un podio. Lo hizo luego de largar 19° y demostrar que tiene velocidad y muñeca para conducir bajo la lluvia, un factor que el domingo condicionó a la mayoría de los novatos –Ollie Bearman fue el único que vio la bandera de cuadros-. Un premio tan merecido como inesperado para Hulk. A tal punto que su equipo ni siquiera tenía una botella de champán guardada en la heladera de su garaje para que los mecánicos festejaran en el paddock junto a su nuevo viejo héroe.
Hulkenberg, nacido hace 37 años en Emmerich am Rhein, en Renania del Norte, es un ejemplo de resiliencia. Y también de que siempre hay que estar listo para aprovechar las segundas oportunidades. Está tercero en el ranking de pilotos activos con más años en la categoría reina. Con 14 temporadas solo tiene por delante a Fernando Alonso, bicampeón, que ya suma 22 años en la Máxima, y Lewis Hamilton, siete veces rey, que lleva 19 años. Es también el tercero más veterano de la parrilla, por detrás del español (43 años) y el británico (40). De los tres es el único que no es campeón del mundo. Tampoco estuvo nunca en la pelea por el título. Dos datos nada menores que hace aún más meritoria su permanencia en la elite.
¿Por qué se habla de segundas oportunidades? Es que Hulkenberg, hijo de un empresario naviero -habla fluido cuatro idiomas y hasta trabajó para su padre como agente mercantil-, asomó como un as de los kartings y fue una de las tantas promesas que la F1 se encargó de endiosar y más tarde triturar. De la mano de Willi Weber, el viejo representante de Michael Schumacher, comenzó a hacer ruido en las categorías promocionales. De hecho, muchos osaron colocarlo junto a Sebastian Vettel como heredero natural de Schumi. Y así fue, luego de consagrarse en la F3 Euroseries y más tarde en la telonera GP2 -ya siendo tester de Williams-, fue cómo llegó a ganarse un lugar entre los 20 pilotos más veloces del mundo.
Foto: REUTERS/Jaimi JoyLa escudería del viejo Frank ya no era lo que supo ser. Pero Hulkenberg, igualmente, se las ingenió para mostrar que tenía argumentos para integrar la elite. Tardó tres carreras en sumar su primer punto, metió un sexto puesto en el GP de Hungría y hasta consiguió una pole position, la única de su vida, en la clasificación del GP de Brasil. En ese 2010 quedo claro que era un piloto veloz. Pero poco se puede hacer en un equipo que no es confiable. En la pista y fuera de ella. Ya que para la temporada siguiente su lugar fue ocupado por el venezolano Pastor Maldonado, que llegó a la F1 con el petróleo de PDVSA bajo el brazo.
En 2011 recaló en Force India, pero como tercer piloto. Otra vez había que esperar la oportunidad. Y eso le valió el divorcio con Weber. En 2012 tuvo su oportunidad en la escudería de capitales indios, que hoy tras varios cambios de nombre se llama Aston Martin. Y otra vez exhibió sus dotes de buen piloto. No sólo fue mejor que el británico Paul Di Resta, su compañero de equipo, sino que se acostumbró a sumar puntos. En 2013 desembarcó en Sauber y volvió a mostrarse como un conductor fiable a pesar de no estar en una marca top. Tanto que sonó para desembarcar en Ferrari, aunque finalmente los de Maranello se inclinaron por la experiencia del finlandés Kimi Raikkonen, otro campeón del mundo.
Volvió en 2014 a Force India tras su paso por el equipo suizo. Le tocó ser compañero del mexicano Sergio Checo Pérez y alternó buenas y malas durante tres temporadas. Lo mejor le ocurrió fuera de la Fórmula 1. Es que en 2015 se dio el gusto de ganar Las 24 Horas de Le Mans con un Porsche -algo que no conseguía un piloto activo en la Máxima desde 1991-. Y ese mismo año empezó a salir con la lituana Eglė Ruškytė, una diseñadora de moda con quien en 2021 se convirtieron en padres de Noemi Sky, la pequeña que se hizo viral por su alegría desmedida tras el podio de papá en Silverstone.
Nico Hulkenberg, en Force India. Foto: ReutersUna situación similar le tocó vivir en Renault, donde estuvo entre 2017 y 2019. Su mejor año fue 2018, cuando terminó séptimo en el campeonato mundial, sólo por detrás de los pilotos de Mercedes, Ferrari y Red Bull. Sin embargo, sin estar en una escudería top y con los triunfos y los podios que se convertían en una quimera, su aura empezó a desdibujarse. Y fue así como en 2020 se quedó sin butaca.
Volvió a la Fórmula 1 pero como comentarista televisivo. Parecía una etapa cerrada la de los pilotos. Pero la puerta se le volvió abrir en forma inesperada. Es que tuvo que reemplazar a Checo Pérez, que se había contagiado de coronavirus, y más tarde al canadiense Lance Stroll, los dos pilotos de Racing Point -ex Force India-. Y mostró que estaba intacto. Fue así cómo se ganó su lugar como reservista de Aston Martin -ex Racing Point- para 2021 y 2022, donde tuvo que reemplazar a su compatriota Sebastian Vettel en las dos primeras competencias de la segunda temporada.
Ya estaba de regreso en el gran circo Hulkenberg, a quien los patrones de los otros equipos veían como pieza clave en su rol en el simulador y en el desarrollo de la escudería. Así fue cómo apareció Haas y le abrió sus puertas en 2023. Fueron dos temporadas en la escudería estadounidense, donde mostró que el paso del tiempo lo mejoró. Una segunda juventud. Un tren que pasó otra vez y él se subió. Sin ritmo de carrera con el auto, Hulk se convirtió en un temible competidor en las clasificaciones. Le fue mejor en 2024 -terminó 11° en el campeonato- y eso le sirvió, apalancado por Audi, para llegar a Sauber.
El resto es historia conocida. Hoy, luego del tercer puesto en Silverstone, está noveno en el campeonato con 37 de los 41 puntos que cosechó la escudería que hoy tiene el verde como color insignia -los otros cuatro los aportó el joven brasileño Gabriel Bortoleto-. La página oficial de la Fórmula 1 lo sindicó como el gran ganador del fin de semana: “El alemán, de 37 años, se convirtió en el primer piloto de Sauber que llega a un podio desde que Kamui Kobayashi lo hiciera en el GP de Japón de 2012 y en el piloto de más edad que sube por primera vez al podio desde George Follmer (39) en el GP de España de 1973”.
Y va por más. Al menos eso es lo que quieren desde Sauber, que viene sumando en los últimos GP de la temporada. “Me parece increíble que todos estemos celebrando un podio, ya que me parece que debería haberlos conseguido durante toda su carrera. Parece el podio más esperado de la historia. Demostró su clase, no se equivocó ni una rueda. Lo considero un talento extraordinario desde hace mucho tiempo. Me parecía increíble que nunca hubiera logrado un podio en su carrera”, sostuvo emocionado y embalado Jonathan Wheatley, el jefe de la escudería
Y no se quedó ahí el ejecutivo inglés. “Creo que con el coche de carreras adecuado, en las circunstancias adecuadas, es capaz de conseguirlo. No tengo ninguna duda de que puede ganar una carrera”. Ya nada luce imposible en el mágico mundo de Hulkenberg.