
El pasado 4 y 5 de julio, el primer ministro indio, Narendra Modi, visitó la Argentina en lo que fue su segunda cita oficial con el país, tras su participación en la cumbre del G20 celebrada en Buenos Aires en 2018. En esta ocasión, su paso por la capital, aunque breve, cobra una relevancia particular si se la observa en un marco más amplio.
Sólo los analistas más perspicaces en política internacional pueden advertir el verdadero peso estratégico de esta escala, justo antes de su arribo a Río de Janeiro, sede de la cumbre BRICS+ los días 6 y 7 de julio, tras las huellas que deja Lula Da Silva, luego de la reunión del MERCOSUR.
Algunos expertos consideran a la India como parte de un “Occidente ampliado”, un pivote geoestratégico clave en una región donde se viene produciendo —y continuará produciéndose en las próximas décadas— una profunda transición de poder desde Occidente hacia el Indo-Pacífico. En ese vasto y densamente poblado escenario, India se proyecta como un swing state, un actor gravitante de múltiples alianzas y con crecientes márgenes de autonomía estratégica.
Co-fundadora del Movimiento de Países No Alineados tras la Conferencia de Bandung en 1955, la India de hoy es, sin embargo, un estrecho aliado de Estados Unidos en Asia y, al mismo tiempo, una contraparte exigente para potencias como Rusia y, especialmente, China. Esta ambigüedad calculada permite comprender el llamado “imperativo indio” y relativizar ciertos prejuicios ideológicos que aún sobreviven en torno a BRICS+.
Más allá de ser una locomotora económica, comercial y en materia de inversiones, India es un actor clave en innovación tecnológica, defensa, seguridad y energía. Su estrecha relación con Israel —ambos países se reconocen víctimas del terrorismo fundamentalista— refuerza su perfil de socio estratégico de Occidente en los foros internacionales más relevantes.
A pesar de la controversial decisión del actual gobierno argentino de renunciar a la membresía del BRICS+, el interés mutuo con India no ha disminuido. Muy por el contrario, la relación bilateral viene siendo potenciada, especialmente desde el sector privado. Desde gigantes empresariales como el Grupo Werthein hasta compañías emergentes como Byfrost, distintos actores están tejiendo vínculos que trascienden la coyuntura política.
Es fundamental comprender, además, que para India —como para otros grandes “Estado-civilizaciones”— el interés por Argentina opera como puerta de entrada a América Latina en su conjunto. La reciente recepción que ofreció la Confederation of Indian Industries (CII) a la ministra de Comercio e Industria de Perú, Desilú León, y semanas atrás al presidente paraguayo Santiago Peña, confirma el renovado interés del gobierno de Modi —probablemente la figura más influyente de la India contemporánea desde la familia Gandhi— por la región.
El escenario está claro. Existe un consenso cada vez más consolidado entre las principales capitales del mundo —cuya mirada estratégica, así como el sentido de la defensa de sus intereses, y el aprovechamiento de oportunidades, va mucho más allá de las fronteras nacionales— de que India ya no es sólo una promesa cuyo desempeño habrá que verlo en lo sucesivo; se trata de una realidad cuyo ascenso parece no detenerse.
Con un crecimiento económico sostenido del 6% anual durante más de una década, una población de 1.400 millones de habitantes que supera a la de China y una superficie territorial similar a la de Argentina, India se perfila como la próxima gran superpotencia del siglo XXI. Para fines de esta década su influencia podría redibujar el balance global hoy dominado por el eje Estados Unidos-China.
En los días previos a su gira, la cancillería india anticipó algunos de los ejes que resultan de interés discutir con el gobierno argentino: cooperación en el sector espacial, industria para la defensa, farmacéutica y biotecnología, además de garantizar el acceso a suministros seguros de petróleo, gas y litio. Todo esto revela una agenda concreta, pragmática y de largo plazo.
En definitiva, lo que estamos viendo es el despliegue de una estrategia india que combina visión geopolítica, pragmatismo económico y voluntad de liderazgo global, y también, por qué no, en este turno, un mensaje a Brasil, el anfitrion de la cumbre BRICS+ que, según cuentan algunos insiders, era el único miembro del club que se oponía al ingreso argentino.
De este modo, India activa, como a finales de los 90 lo hizo China, su estrategia de “Going out” hacia esta zona del mundo que hace tiempo los grandes actores globales consideran relevante. La visita de Narendra Modi es, entre otras cosas, una cortesía, como aquella de presentación que el nuevo vecino hace al barrio al que se mudará por los próximos años.
Alfredo López Rita es Magister en Relaciones Internaciones. Ex presidente de la Comisión Nacional para los Refugiados