Desde hace, por lo menos, cinco décadas, la industria cinematográfica nacional (y también la internacional) soñaba con poder filmar El Eternauta, basada en la historieta escrita por Héctor Germán Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López a fines de los años 50. La oportunidad llegó de la mano de Netflix, pero eso no significó darle las llaves del auto a otro para que lo maneje, sino que distintos profesionales argentinos tomaron la responsabilidad de dar vida, audiovisualmente hablando, a Juan Salvo y su historia.

Fue el caso de Germán Infiesta, quien se sumó a la producción en el área de los efectos especiales, algo no menor en una superproducción de ciencia ficción. Como parte de la productora Maldito Maus, Germán se ocupó, entre otras cosas, de dotar de realismo a esa Buenos Aires postapocalíptica que se ve a lo largo de los seis capítulos de la primera temporada.

“Netflix contrata distintos proveedores de servicios, entre los que estuvimos nosotros”, cuenta este docente y graduado de la UNLa. De esa misma casa de estudios nació el proyecto Malditomaus: fue creada por estudiantes de la carrera Audiovisión, que se dicta en esa universidad pública del sur del conurbano y siguió trascendiendo.

Infiesta, que nació y vive en Temperley, se encargó, junto al resto del equipo, de un proceso llamado “dressing”, que consiste en, como la palabra sugiere, vestir de una infinita cantidad de detalles el escaneo en 3D que una computadora hace, en este caso, de la ciudad de Buenos Aires y algunos puntos de la zona Norte de la Provincia. “El escaneo nunca queda tan perfecto, y ahí entramos a hacer la parte de la reconstrucción”, explica.

Para El Eternauta se utilizó un método revolucionario pero que hasta ahora se vio en pocas producciones: “Se hizo en un esquema de virtual production: los escenarios se reconstruyen de manera virtual en 3D y se usa una pantalla de fondo con los actores por delante, y el director puede modificar esa pantalla. Eso se combina con tomas reales grabadas en la calle”.

Esta técnica, que reemplaza, por ejemplo el uso de pantalla verde (croma) se empezó a utilizar en la serie de Star Wars, Mandalorian. Por limitaciones durante la pandemia, se terminó inventando un sistema que hoy está reformulando estas megaproducciones. Es tecnología de última generación, y se hace en Argentina por profesionales formados, entre otras, en la Universidad de Lanús: “Tenemos la capacidad técnica y la tecnología, nos faltaba el empujoncito”, remarca Infiesta.

Trabajando codo a codo con el estudio Cacodelphia, con base en el barrio porteño de Barracas, pusieron manos a la obra en aspectos clave para dotar de realismo a la Buenos Aires arrasada por la invasión alienígena. “También hicimos parte de los efectos donde se agrega nieve, se borraron elementos de las escenas, se hicieron ajustes sobre puesta de cámara y se borraron personajes para incluirlos en otra toma”, señala sobre todo el trabajo poco conocido para el público general que incluye un proyecto así. Una tarea que, de tan detallada, funciona bien cuando nadie se percata de los cambios.

En una producción de esta talla Netflix estableció estándares de calidad altísimos. En algunos casos contrató productoras extranjeras pero para muchos roles claves, como éste, a profesionales de argentina. “Obviamente los mayores proveedores hoy son las plataformas. Hay una crisis en la industria audiovisual a nivel global. La tele ya no ofrece nada distinto y la pantalla cinematográfica… ahí nomás. Tenemos estrenos mainstream de Marvel que se mantienen y después todo lo que es series 100% plataformas”, plantea.

En ese difícil contexto, Infiesta destaca que en el país, y específicamente en el AMBA, existen varias opciones de formación gratuita con proyección internacional. “En Lanús hay una carrera específica de postproducción y en San Martín una carrera fabulosa de animación 3D, en al UBa las orientadas a producción audiovisual. El abanico completo desde preproducción hasta post en el ámbito universitario además de escuelas de cine como la ENERC, con profesionales de primer nivel, tecnología y medios”, enumera.

Lo que falta, es inversión: “Acá y en cualquier parte del mundo hay que invertir, generar propuestas y consumo”.



Fuente Clarin.com

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