
Fue el mar y el fondo del mar lo que acaparó las miradas, los estremecimientos, y el asombro más que cualquier otra noticia en esta semana.
¿Por qué la naturaleza en su furia; la amenaza de un tsunami sobre todo el Pacífico, y en simultáneo las maravillas del fondo del mar Argentino imantaron las miradas multitudinarias y globales?
“Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía”. Hamlet.
Hay más cosas en el cielo y en el mar y en la tierra que la miseria política de los sueños autorreferenciales tantas veces de la política encerrada en sí misma
Una expedición a las profundidades del Talud de Mar del Plata del CONICET, en colaboración con la fundación Schmidt Ocean Institute, descendió a todos los misterios del Océano y exhibe por streaming maravillosas y exóticas criaturas que muestran que la vida es un misterio y que la belleza es desbordante. Un vehículo fantástico permite captar las imágenes que atrajeron la atención masiva. Es la denominada “Underwater Oases of Mar Del Plata Canyon: Talud Continental IV”.
Vale la pena observarlo en vivo; https://www.youtube.com/@SchmidtOcean
Un universo escondido de corales luminiscentes, peces de formas imposibles, de criaturas que miran a cámara con ojos redondos e impermeables, de crustáceos que danzan en la penumbra eterna.
Las maravillas tienen su contraparte.
La masa oceánica ascendió, vibró y alertó a millones tras el movimiento de placas en las álgidas entrañas rusas y parecía probable que impactara sobre las costas americanas del Pacífico.
Y el mundo viró sobre sus misterios.
Fue un terrible azar sobre el océano lo que determinó la tan dolorosa muerte de la niña Mila Yankelevich de siete años cuando una nave enorme impactó sobre el pequeño yate en el navegaba entre risas e inocencias frente a todo su futuro tronchado.
Otras dos niñas murieron ahogadas en ese horror.
Pero el azar no perdonó y la muerte ennegreció la luz de esas vidas.
La risa se sumergió en el silencio, la luz se trastocó en lágrimas
Somos pasajeros a merced de la ventura o de la desgracia según variables que manejamos apenas.
Las aguas profundas y la naturaleza profunda, lo fatal y lo genial, y todos los enigmas calibran la pequeñez de las miserias de la ambición humana.
La furia ciega del terremoto y el Tsunami, la aciaga ruleta que ahogó a las niñas, la fragilidad de todos y la potencia de la inteligencia humana, técnica y científica que explora los confines más insólitos.
Nos buscamos a nosotros mismos, tanto en lo nefasto como en lo fasto.
Y aquí en la Argentina, las internas que dimensionadas en relación al universo insondable fluyen patéticas.
Pero ¡Qué pequeño es el poder de los poderosos!
¡Qué vana la gloria de los empinados en tronos tan vanidosos como ínfimos!
Sin embargo no podemos evitar la voluntad de poder.
Hay océanos interiores: el alma humana por ejemplo.”El mar, como un espejo de la eternidad, refleja el alma de quien lo contempla…En el mar, el hombre se siente libre, pero también insignificante; es un rey sin corona frente a un reino sin fin”. Moby Dick.
Somos capitanes de aguas abisales que timoneamos y que no manejamos a la vez.
El dolor surge monstruoso de pronto como en la muerte de las chiquitas en Miami. Estamos solos frente al destino.
Hay algo más poderoso que lo humano.
Pero somos seres humanos.
Como hormigas en batalla, nos mordemos para acceder a un escaño, o a varios, es tan pequeño todo… Somos soñadores de sueños que el océano puede tragarse en un instante. Y aun así, seguimos navegando. En nuestra pequeñez late un corazón que no se rinde.
Porque también hay grandeza y enormidades tan magníficas entre nosotros. Por ejemplo podemos poner ojos en el fondo del mar.
Y lo más grande sería percibir nuestros límites.
Nuestro narcisismo, para aprehender la humildad que tanto falta.
“Cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo, repleto de aventuras, desbordante de saber. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón”. Constantin Kavafis.
Pero ninguno es el Rey del universo.
Somos las piezas de un ajedrez que jugamos y que nos excede siempre.
Somos gotas en la inmensidad oceánica, incierta, fascinante, mortal, vital, insondable.
Quizás la profundidad argentina sea una danza de poetas, que se sustraen y se sumergen ante el ridículo coro de la charlatanería tan sonora como babélica.
¿En dónde estás Alfonsina?